Rodolfo Ghioldi: 39 años de la partida del gigante del comunismo argentino

Rodolfo Ghioldi: 39 años de la partida del gigante del comunismo argentino

El 3 de Julio de 1985 dejaba de pensar uno de los máximos pensadores del marxismo-leninismo argentino, un comunista probado en la teoría y en la práctica, un bolchevique criollo digno de admirar: el camarada Rodolfo Ghioldi. Todo obrero que habite el suelo argentino tiene en Rodolfo Ghioldi un ejemplo de combatiente, todo obrero y comunista argentino debe luchar día a día por imitar el ejemplo de este gran marxista-leninista.

  • Por Tomas Oroño (Secretario General del Partido Comunista Argentino)

SU VIDA Y SU ENTREGA

Rodolfo Ghioldi nace el 21 de enero de 1897, en el seno de una familia ya politizada de tendencia socialista; de hecho, los tres hermanos Ghioldi aprenden a leer leyendo el periódico socialista “La Vanguardia”. En 1916 Rodolfo se egresa del Colegio Normal “Mariano Acosta”, dedicándose posteriormente a la enseñanza, ejerciendo como maestro. Su militancia revolucionaria lo llevó a ser despedido en reiteradas ocasiones.

Paralelamente a su profesión como maestro, Rodolfo se destaca como periodista, ejerciendo profesionalmente en El Telégrafo, en Diario de la tarde y luego en el diario Crítica, además de sus tareas en la redacción partidaria en distintos órganos a los largo de toda su vida.

A principio del Siglo XX, con apenas 13 años, decide ingresar en las filas de las Juventudes Socialistas, y 5 años más tarde entra al Partido Socialista, donde, junto a un grupo de jóvenes, comienza a conformar lo que sería el “ala izquierda” del PS, criticando la desviación reformista de la Dirección, y, a su vez, levantando las banderas del internacionalismo proletario y en contra de la guerra. En medio de las tensiones entre el ala izquierda y la Dirección del Partido Socialista, en 1917 ocurre el hundimiento del buque de bandera argentina Monte Protegido por parte de un submarino alemán; la Dirección del PS se pronuncia por la ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania y se posiciona con el otro bando imperialista de la guerra, lo cual desemboca en una profunda crisis dentro del seno del Partido Socialista, desembocando en su ruptura y en la conformación, en 1918, del Partido Socialista Internacional (más tarde Partido Comunista), donde Rodolfo Ghioldi juega un rol estratégico en la interna con la Dirección oportunista y en la creación del destacamento de vanguardia del proletariado argentino: el Partido Comunista.

Una vez celebrada la gesta heroica del 6 de enero de 1918, a la cual él no puede asistir por enfermedad, a los pocos días se celebra II Congreso de la Federación de Juventudes Socialistas (durante el 19 y 20 de enero de 1918), al cual adhiere el PSI y donde Rodolfo sí participa. Mientras que, por otro lado, la dirección del periódico La Internacional —que aparece como órgano del PSI (más tarde Partido Comunista)— queda en manos del camarada Ghioldi.

En 1920 sesiona el I Congreso Extraordinario del Partido Socialista Internacional, y el camarada Rodolfo tiene a cargo el informe ante el Congreso sobre las 21 condiciones para adherir a la Komintern, siendo votado por unanimidad, y aquel 25 y 26 de diciembre de 1920 el Partido Socialista Internacional deja su nombre para pasar a llamarse Partido Comunista.

El camarada Rodolfo fue un destacado del Movimiento Comunista Internacional: en 1921, en representación del Partido, participó del II Congreso de la Internacional Comunista, donde conoció al jefe del proletariado mundial: Vladimir Lenin. A mediados de 1926, se sigue destacando en el MCI, siendo elegido miembro del Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista, y asumiendo la dirección del órgano de prensa, La Correspondencia Sudamericana.

El camarada Rodolfo más de una vez fue elegido Secretario General del Partido, y durante su vida demostró ser un comunista ejemplar y haber llevado con honor el rojo carnet del Partido. Su vida fue de entrega al Partido, a la causa de la clase obrera y el pueblo, en defensa de los intereses de los oprimidos, dejando su vida entera por el triunfo del socialismo-comunismo.

En diciembre de 1934, junto a su camarada alemán, Arthur Ewert, y su esposa, también militante del Partido, Carmén Alfaya, partió rumbo a Río de Janeiro, en una tarea encomendada por la IC, que era apoyar el levantamiento armado en Brasil contra el gobierno de Getulio Vargas, que dirigía El Caballero de la Esperanza, Luis Carlos Prestes. La insurrección fracasó y los camaradas Rodolfo Ghioldi y Carmen Alfaya fueron detenidos el 23 de enero de 1936 en Río de Janeiro. Allí fue sometido a las más crueles torturas, las cuales le dejaron secuelas de por vida. Cumplió 4 años y 4 meses de prisión en las peores condiciones en la Isla de Fernando de Noronha, y en 1940 fue liberado. Llegó al puerto de Buenos Aires el 29 de octubre de ese mismo año, donde fue esperado y recibido por una multitud de camaradas para recibirlo como el gran revolucionario que era.

Rodolfo fue condenado por un tribunal militar en Brasil y él mismo hizo su defensa: lejos de rogar clemencia ante el enemigo de clase o de “echar culpas”, hizo una defensa revolucionaria, su tiempo de intervención fue de quince minutos y cerró su discurso diciendo lo siguiente: “De treinta meses de permanencia en el Brasil, pasé veinte en la cárcel. La malicia podría decir que de este gran país sólo conozco el régimen penitenciario. Pero en la casa de detención conocí brasileños de todas las latitudes y profesiones y de las más diversas orientaciones políticas. Aprendí así a conocer más íntimamente los anhelos y sentimientos del pueblo brasileño, al cual me siento definitivamente ligado por la más viva simpatía y solidaridad. Vi cuán profunda es esa voluntad de liberación nacional. Comunista argentino que se enorgullece de serlo, me siento igualmente ciudadano de la América latina que quiero libre de amenazas fascistas, de prepotencias imperialistas, del atraso económico y cultural”

Al regresar al país, se le designó la tarea de director del Órgano Central de Partido, el periódico “La Hora”, hasta que éste es ilegalizado tras el golpe militar fascista de junio de 1943, en el cual tuvo un rol central el Coronel Juan Domingo Perón.

Con la intención de construir un Frente Antifascista y Democrático, el Partido impulsó con otras fuerzas democráticas reuniones para avanzar en este frente, entre ellas, la Unión Cívica Radical, de las cuales participaron Victorio Codovilla y Rodolfo Ghioldi en representación del Partido. Concluida una de esas reuniones, al salir de la Casa Radical, ambos fueron detenidos. Al camarada Victorio Codovilla lo trasladaron a un penal en La Pampa, y al camarada Rodolfo Ghioldi, a una cárcel en Río Ceballos.

Después de recuperar la libertad, Rodolfo se trasladó a Montevideo, donde comenzó a editar el periódico “Pueblo Argentino”, el cual ingresaba clandestinamente a nuestro país.

Después de dos años de exilio en Uruguay, el camarada Rodolfo Ghioldi retornó al país y es el principal orador en el acto que organizó el Partido en el Luna Park el 1ro de septiembre de 1945, También se puso al frente nuevamente del Órgano del Partido, “La Hora”, y colaboró intensamente con “Orientación”.

En las elecciones de 1951 el Partido presentó sus propias candidaturas y llevó como candidato a Presidente al camarada Rodolfo Ghioldi en fórmula con la camarada Alcira de la Peña. En medio de la campaña electoral, en la Plaza Sáenz Peña, Paraná, Entre Ríos, una banda fascista conducida por el alemán Rinkel y Juana Larrauri, líder de la rama femenina del peronismo -quien luego sería Senadora-, rompió el acto donde el camarada Rodolfo Ghioldi, junto a Amaro Villanueva, presentaban la candidatura del Partido que llevaba a Rodolfo en la fórmula presidencial. El ataque naziperonista terminó con Rodolfo herido de un tiro, aunque fuera de peligro. El combate dejó al camarada Londero herido y a dos peronistas atacantes muertos. El ataque fue repelido dándole muerte a Camilo Gonzales, uno de los agresores, empleado de la Fundación Eva Perón.

En 1957, en el marco de la “Operación Cardenal”, en la que fueron clausurados locales del Partido    Comunista y encarcelados numerosos dirigentes del Partido para ser alojados en un barco convertido en prisión flotante, fue detenido nuevamente el camarada Ghioldi junto a otros camaradas, como Osvaldo Pugliese, Emilio Trioise, Orestes Ghioldi, entre otros.

Tras su libertad, ese mismo año fue elegido como Convencional para la Convención reunida en Santa Fe para reformar la Constitucional Nacional, junto a la camarada Irma Othar y al camarada Pedro Tadioli.

También fue designado doctor honoris causa del Instituto del Movimiento Obrero Internacional de la Academia de Ciencias de la URSS en 1977 y condecorado con las órdenes “Revolución de Octubre” en 1972 y “Amistad entre los Pueblos” en 1977.

Con algunas menciones sobre su vida, podemos observar la entrega revolucionaria y el aporte a la lucha por el socialismo que hizo en Argentina y en el mundo. Rodolfo Ghioldi sin duda es el gigante del comunismo argentino que todos los bolcheviques criollos aspiramos a ser.

GHIOLDI CONTRA LA GUERRA IMPERIALISTA

El Partido Comunista nació luchando contra la guerra imperialista. Nuestra posición fue posicionarse independientemente de los dos bandos de ladrones imperialistas, ya que la guerra sólo beneficiaba a los capitalistas de los distintos países, mientras la clase obrera de esos mismos países era quien iba a cargar en sus hombros la crisis. Rodolfo se hizo carne de ese debate en el seno del Partido Socialista en el último tramo antes de la ruptura: por un lado, llevando la máxima leninista de transformar la guerra imperialista en revolución, algo que claramente los oportunistas rechazaban; y, por otro, con el profundo rechazo a la guerra imperialista. La enorme presión que desató la postura reformista del grupo parlamentario de posicionarse junto a Gran Bretaña en la guerra, y la gran indignación con las posturas oportunistas del Comité Ejecutivo del Partido Socialista, que ya se venían acumulando hace años, obligó a la dirección a convocar al III Congreso Extraordinario para rever las posturas tomadas tanto por el Comité Ejecutivo como los parlamentarios. El Congreso se dio el 28 y 29 de abril de 1917.

El debate giró en torno a dos proyectos: una fue propuesta por la mayoría reformista, redactada por Tomaso en apoyo a la política del Comité Ejecutivo. En un párrafo dicha propuesta sostenía “en caso de que, por la continuación de la guerra submarina, la necesidad de defender más ampliamente nuestro comercio, o como consecuencia de las medidas de protección puestas en vigencia, los poderes públicos adoptarán actitudes que tuvieron un significado más grave dentro del derecho internacional, el Congreso deposita su confianza en el grupo parlamentario nacional y en el Comité Ejecutivo para que las apoye…”. El proyecto reformista estaba redactado hábilmente, con el propósito de calmar el descontento de los afiliados, y, al mismo tiempo, avalar la posición oportunista que optaba por uno de los bandos imperialistas en la guerra.

El otro proyecto presentado por la minoría internacionalista del Comité Ejecutivo, lo firmaban Juan Ferlini, José Penelón y Agustín Muzzio. Uno de los párrafos del proyecto decía: “Que la lucha de naciones contra naciones tiene su entraña en la sociedad capitalista de llevar a nuevos mercados la producción confiscada al proletariado de cada país; que el derecho y la justicia proclamados como finalidad de la guerra son concepciones engañosas, ya que el verdadero derecho y la verdadera justicia se miden por conquistas positivas, que no son para el proletariado las de la guerra y sí las de su acción de clase en la paz; que la campaña de los submarinos debe alentarnos a seguir combatiendo la guerra y no a apoyarla en favor de un bando, desde que la campaña es consecuencia de la guerra llevada a sus últimos extremos”.

La propuesta de los marxistas revolucionarios indicaba que el Partido y la dirección del periódico “La Vanguardia” orienten su acción en sentido contrario a toda intervención del país en la guerra.

El camarada Rodolfo Ghioldi intervino en la discusión en el Pleno del Congreso, en disputa contra De Tomaso y todo el grupo parlamentario oportunista, diciendo lo siguiente: “El diputado De Tomaso trató el asunto en una forma en que yo no esperaba; nos dio una excelente lección de derecho internacional, que a nosotros no nos interesaba. Lo que nos interesa es resolver esta cuestión desde el punto de vista socialista […]. Se trata, dicen los compañeros de la mayoría del Comité, de defender los intereses de la Nación que están comprometidos con la agravación de la guerra submarina. Pero, yo me he preguntado si los intereses de la Nación en estos momentos son los intereses de la clase trabajadora. Es menester dilucidar esta cuestión. Pero me parece que, en esta guerra, como en todas las guerras, no hay comprometido ningún interés de la clase trabajadora. Se ha sacado, por parte del imperio alemán, el pretexto de que luchaba para sofocar al oso ruso; se ha sacado como pretexto, por parte del gobierno francés, que luchaba contra el militarismo alemán. Dicen que luchan contra el oso ruso y el militarismo alemán”.

Más adelante el camarada Ghioldi puntualiza: “Esta guerra, como todas las guerras, si es que no queremos olvidar un principio que fundamenta nuestra acción y nuestra orientación de principios marxistas respecto de la historia, no la debemos achacar a la voluntad de un hombre (se refiere al Kaiser). Sería darle, por otra parte, demasiada importancia a ese hombre. Obedece a factores económicos perfectamente calificados, y en este sentido los intereses que se debaten en ella son intereses capitalistas. Son intereses burgueses de una nación que han sido lesionados por los intereses de otra nación. En definitiva: el perjudicado no será la burguesía, será el proletariado de todos los países en guerra”.

En esta espectacular intervención del camarada Rodolfo Ghioldi podemos ver los principios marxistas-leninistas, la línea bolchevique de no colocar a la clase obrera bajo bandera ajena, que los intereses de los trabajadores no están en las disputas interimperialistas por el reparto del mundo, que los intereses de la clase obrera se verán representados una vez que tome el poder y se construya una sociedad sin explotados ni explotadores. Hoy nuevamente el camarada Ghioldi nos guía en la coyuntura actual, donde los grandes capitalistas se vuelven a enfrentar por los recursos naturales, las rutas de transporte y la mano de obra barata.

EL LEGADO DE RODOLFO

El legado de Rodolfo es su gran vida, su obra y su práctica revolucionaria, su entrega a la causa de la clase obrera, su defensa del socialismo y de la primera experiencia de poder obrero en el mundo que fue la Unión Soviética. Fue un internacionalista, un cuadro probado que entregó hasta el último día de su vida por la victoria del socialismo-comunismo.

Cuatro cosas debemos destacar y rescatar del camarada Rodolfo Ghioldi para la etapa actual: en primer lugar, la necesidad de la construcción del Partido como herramienta de la clase obrera, como vanguardia del proletariado, como destacamento de los obreras y obreros argentinos. Dejar hasta el último aliento para construir el partido de la clase obrera, el partido de la esperanza, el partido de la revolución, el Partido Comunista Argentino. El rol del Partido Comunista es clave en la lucha de clases, ya que debe cumplir el rol de Estado Mayor del proletariado, debe ser su guía ideológica y organizativa. En medio de una avanzada patronal pocas veces vista antes, se necesita un Partido Comunista fuerte, con estrategia revolucionaria y vocación de poder. Por eso es fundamental emular el ejemplo de Rodolfo, quien, a pesar de la cruel clandestinidad, la cárcel, la tortura y la persecución, ni un minuto dudó en que la tarea fundamental para que el proletariado tome el poder, era construir un fuerte y poderoso Partido Comunista.

En segundo lugar, en esta coyuntura debemos retomar las posiciones del camarada Rodolfo Ghioldi y su lucha contra la guerra imperialista. Hoy nuevamente nos enfrentamos a una guerra imperialista, ya que los dos bandos que están en disputa son el bloque OTAN-EE. UU y Rusia-China, ambos capitalistas e imperialistas, que, en esta guerra, luchan por el reparto de minerales, como es el titanio ucraniano, imprescindible para la industria de la construcción de aviones; los puertos de Mariupol y Odessa; las tierras fértiles cultivables de Ucrania; las rutas de transporte, la energía, oleoductos y puntos geográficos estratégicos. La estrategia EE. UU/OTAN es la expansión euroatlántica, mientras que Putin tiene como objetivo la victoria de la guerra para el fortalecimiento de sus coaliciones imperialistas como la “Unión Económica Euroasiática” y “Organización del Tratado de Seguridad Colectiva” en las regiones de la ex Unión Soviética. Por un lado, Ucrania es la punta de lanza, el “chivo expiatorio” de los EE.UU. y la OTAN en esta guerra que no ha comenzado en febrero del año pasado, sino que se ha materializado ese año; mientras que por otro, Rusia también es servil a los intereses de China en la gran confrontación con EE. UU. por la primacía en la pirámide imperialista mundial. Los únicos ganadores de esta guerra son los monopolios rusos, ucranianos y los de varios países en el mundo, y los únicos perdedores son la clase obrera rusa y la clase obrera ucraniana. Ejemplo claro de esto es que hoy los capitalistas de China, de la India, de Brasil y de otros países encontraron el modo de importar materias primas de Rusia a la mitad del precio, principalmente petróleo, sacando beneficios de la diferencia de los precios en el mercado internacional; los que ganaron también fueron todos los Estados capitalistas que tienen una industria bélica desarrollada (EE.UU., Rusia, China, Francia, Alemania, Turquía, Irán, etc.), los cuales  producen y prueban en los campos de batalla nuevas máquinas asesinas, logrando ganancias para el comercio de la muerte. Los que ganaron son los monopolios estadounidenses de energía que, de aquí en adelante, suministrarán a Europa con carísimo gas natural licuado. Los perdedores son los obreros rusos y los obreros ucranianos que están pagando con la inflación, con el desempleo, con el hambre, con la miseria y con la muerte, mientras los grandes capitalistas se llenan los bolsillos. Por eso volver a Rodolfo Ghioldi y sus palabras mencionadas anteriormente y su posición férrea contra la guerra imperialista es una necesidad actual. Los comunistas y, por ende, toda la clase obrera argentina debe luchar contra la guerra imperialista, no posicionarse bajo estandarte ajeno, y evitar la participación de Argentina en esta guerra imperialista como pretende el gobierno antiobrero y antipopular de Javier Milei.

En tercer lugar, los trabajadores y, por ende, los comunistas debemos rescatar la tradición internacionalista del Partido, y el camarada Rodolfo Ghioldi es un caso y ejemplo palpable de eso; recuperar el internacionalismo proletario contra la guerra que azota el planeta y se perfila a un conflicto generalizado, además de la inmensa entrega de dejar hasta la vida por un pueblo hermano, sea en el lugar que sea. El caso de Ghioldi es ejemplar, ya que entregó cuatro años de su vida, sometido a torturas y encierro, por la liberación de la clase obrera brasileña. Nuestro campo de batalla es el mundo entero, y, con el ejemplo de Rodolfo, deberemos recuperar ese internacionalismo proletario que hoy se encuentra perdido en el Movimiento Comunista Argentino.

En cuarto lugar y último, debemos rescatar la insistente lucha de Rodolfo por la victoria del socialismo en Argentina y en el mundo. La necesidad urgente de volver a poner en debate la cuestión del poder, la necesidad de una revolución socialista y el derrocamiento del poder burgués en nuestro país. Rodolfo Ghioldi fue un combatiente férreo y hasta el último día de su vida luchó por el triunfo del poder obrero en nuestro país, y hoy debemos imitar su ejemplo, porque la necesidad de una revolución en Argentina es cada vez más urgente.

Rodolfo Ghioldi se fue a sus 88 años, en 1985, pero su legado sigue vivo en los obreros conscientes, en los militantes y luchadores por la liberación, su legado hoy está más vivo que nunca y vuelve a nacer en cada lucha obrera y popular, en cada levantamiento, en cada combate, en cada toma. Hoy Rodolfo Ghioldi vive en su Partido, el Partido Comunista Argentino, el único que está dispuesto en levantar su bandera y llevarla hasta la victoria final, hasta la revolución, hasta el socialismo, por lo que vale la pena vivir y por lo que vale la pena morir.

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