Hace pocos días un varón mató nuevamente a una mujer; seguro, puedes imaginarte de qué caso estoy hablando. A la vez, cada argentino o argentina podría estar pensando en uno distinto, porque lamentablemente son muchos los casos, pero la pregunta es siempre la misma: ¿Qué onda los varones? ¿Qué se les cruza por la cabeza? ¿En qué están pensando? ¿Dónde están? ¿Esto no los interpela?

La respuesta no aparece, porque nadie recoge el guante, y sin ánimo de responder estas preguntas, porque no me siento representante de nada, sino simplemente aportando aspectos a la reflexión, o simplemente diciendo algo, que no exime de otras responsabilidades, pero siempre es un buen inicio para transformar cosas.
Creo que, parafraseando a Francella en “El secreto de sus ojos” – película que también trata de un femicidio –, me puse a pensar en LOS varones, y la realidad es que estamos en cualquiera. La “vuelta a los 90” no solo tiene que ver con aspectos económicos, sino también culturales y con una disociación de la realidad que está al alcance de la mano.
Mientras River jugaba en Córdoba la final del torneo argentino contra Belgrano, un barrabrava de otro club cordobés, Instituto, mató a una nena de 14 años en la misma ciudad. ¿Dónde estaban los varones? En la cancha. En ese momento no se conocía el hecho, pero lo peor viene después: en las movilizaciones posteriores para reclamar la aparición de Agostina, no había varones, exceptuando a los familiares; justo jugaba Boca la definición de su continuidad en la Copa Libertadores, salía la lista del mundial y había un partido trascendental entre los chicos de 412 contra LUZU. ¿Coincidencia?.
¿Está mal que a los varones les importe el fútbol, los videojuegos o que tengan distracciones y pasatiempos? No, lo que está mal es que no les importen los femicidios.
Obviamente esta situación moviliza y horroriza principalmente a las mujeres que son víctimas cotidianas de esta violencia, pero no pasa así con los varones. Y no voy a hablarle a los incels y pibardos que claramente no van a estar leyendo estas palabras – generalmente no consumen estos debates –, quiero conversar virtualmente con esos varones que en muchas luchas se sienten movilizados y atravesados y cuando matan a una piba quedan inmovilizados. Creo que hay dos razones por la que esto ocurre, pero que se sintetizan en una: ese discurso de “hay cosas que a mi no me atraviesan” que dijo Pedro Rosemblat, en otro contexto y sin ánimo de criticarlo – porque al menos Pedro pone la cara en debates que pueden resultar incómodos –, aplica muy bien en esta problemática y representa a una parte de los varones que algunas cosas se replantean.
“Me cuesta sensibilizarme porque no me pasa a mí” no puede ser un argumento nuestro válido para desentendernos de la situación, principalmente cuando en otros aspectos de la vida fácilmente nos involucramos aunque “no nos atraviese”. Y no quiero caer en la fácil de decir “algún día le podría pasar a tu hermana o tu mamá”, va más allá de eso, hay una cuestión de humanidad atrás que, no importa si te toca de cerca o no, está mal, es perverso, es injusto y tenemos que resolverlo como sociedad.
Aun así, creo que hay una segunda razón: inconscientemente buscamos tapar con el “no me moviliza” porque estamos completamente cagados y nos da miedo, por “lo que vayan a decir”, expresar lo que pensamos. Termina importando más lo que puedan llegar a decir y cómo podamos llegar a quedar nosotros, entonces, en lugar de “jugárnosla” y posicionarnos, no lo hacemos por miedo. Realmente la razón es que no nos moviliza; yo creo que lo que realmente nos pasa es que nos incomoda. Ojo, que la incomodidad está buena; la incomodidad, muchachos, es el mejor camino para romper ese pacto de silencio que se termina refugiando en lo que nos queda cómodo: el fútbol, la rosca política, etc.
Nada bueno sale de la comodidad; es momento de incomodarnos un poquito más, que esa incomodidad sea útil. Es fundamental que quienes ocupamos lugares en medios de comunicación, quienes son representantes políticos, quienes son líderes deportivos, todos y cada uno de nosotros, desde el rol que tengamos o hasta en nuestras propias redes sociales, que las ocupamos para mil boludeces y no para esto, hablemos de esto. No es tan difícil, y está bien que no lo tengas claro.
Estamos viviendo un contexto político que invita a distraerse, que invita a relajarse y a los varones nos sale fácil: un partido, un videojuego, el programa de análisis del partido, el mundial. Todo es más fácil y más cómodo que involucrarnos en repensar cómo y por qué la violencia sigue creciendo, los femicidios aumentan y mientras tu amigo es un violento o un potencial femicida, vos estás viendo el directo de 5 horas de Davo Xeneize. Hay que preguntarse, ¿Dónde estamos los varones?.