El gobierno de Frigerio presenta la reforma jubilatoria para que los entrerrianos trabajemos hasta la muerte si es necesario. Además se pretende eliminar el 82%.

El desgaste del peronismo como oposición a los gobiernos de derecha no solo es evidente por el crecimiento de la imagen de Myriam Bregman en las encuestas. También se puede ver en la enorme cantidad de autoconvocados en las puebladas contra Milei y los gobernadores que ajustan y reprimen a la clase obrera. En mi provincia, Entre Ríos, los obreros de Tres Arroyo en Concepción del Uruguay están en lucha permanente contra la patronal y el gobierno de Rogelio Frigerio; y en el centro del país, FATE se encuentra en la misma situación. Puede que los medios no muestren estos focos de luchas, pero existen; y la respuesta del peronismo de esperar a 2027 se queda corta en un país donde vivir es un desafío diario.
Nunca debió ser así, pero durante años la izquierda y sus propuestas fueron tomadas como poco serias, pues la institucionalidad burguesa era incuestionable; a un gobierno deficiente se lo sacaba electoralmente, y con la patronal se negociaba mediante la conducción sindical. Lo que pasa es que Milei y los gobernadores agudizaron la crisis y ya no existe lugar ni para negociar migajas ni mucho menos para esperar salidas electorales. La gente por sí sola se empezó a organizar como “autoconvocados”, desbordando a las conducciones sindicales y gremiales. En este contexto, y al ser la izquierda la única que acompaña a estos sectores, se abrió un debate interesante: ¿Qué hacer?
El partido MST comenzó a presionar a otro partido, el PTS, con debates públicos. En este sentido, el partido hegemonizante del Frente de Izquierda lanzó un manifiesto en el que llaman a construir el Partido de la nueva clase obrera. Proponen para eso primero avanzar en la conformación de comités populares para integrar a todos los sectores que luchamos con independencia y a las organizaciones que estén dispuestas a construir la herramienta de la clase obrera. Este paso es un salto de calidad en la izquierda argentina, pues por primera vez en mucho tiempo se están discutiendo las condiciones materiales para la construcción de poder popular.
La reacción del peronismo es evidente: desde la derecha a la ahora ex izquierda peronista –mal llamada izquierda popular– están agitando la idea de un “Frente Anti-Milei” al estilo Brasil, es decir, uniendo desde la izquierda a la derecha con un solo objetivo, que pierda Milei en 2027. Para esto apuntan a la idea de que Myriam Bregman es responsable de una hipotética reelección de Milei si no se suma a este llamado, algo que ya manifestó que no hará. Al margen de que le salió muy mal a Lula esta estrategia y en Argentina ya se vio con el Frente de Todos, que también terminó mal, las bases están pidiendo otra cosa, están exigiendo respuestas urgentes. El planteamiento de los comités del PTS, algo que MST ya proponía, es un paso importante.
Acá ya no valen las discusiones binarias de este o aquello; el debate que instala el trotskismo argentino es en respuesta a una enorme cantidad de trabajadores que se organizan como autoconvocados al ver que las direcciones no responden. Algunos aún no están dimensionando lo que está ocurriendo en Argentina, pero muchos compañeros de otros países nos hablan sorprendidos por lo que ven, en primer lugar porque el trotskismo no tiene tanta fuerza fuera de Argentina; debe ser este el único país donde han hegemonizado la izquierda, y en segundo lugar porque su propuesta es abiertamente comunista. Con casi 1 millón de seguidores y saliendo en todos los medios, Myriam Bregman está proponiendo crear soviets de autoorganización y un nuevo partido.
En lo personal, tengo críticas al trotskismo, pero en esta ocasión es imposible negar el nivel de calidad que tiene el debate público entre el MST, el PO e IS con el PTS en un escenario de crecimiento de las luchas populares, con puebladas y un gobierno que no está dispuesto a dar marcha atrás en el ajuste, la represión y la profundización de un modelo que propone volver a prácticas esclavistas. Las propuestas que salen de este debate parecen lo más coherente y elevado que hay entre tanta crisis de propuestas. La definición de “nueva clase trabajadora” del PTS permite explicar por qué hay sectores obreros que no responden a las burocracias tradicionales. Y acá hay una cuestión muy importante.
Las críticas del peronismo hacia la izquierda son en criollo, balas que ya no entran. Sus acusaciones de que somos funcionales a la derecha por no sumarnos a la rosca de armados electorales parece ser más una incomprensión. No estarían entendiendo; hay personas organizadas por su necesidad y urgencia que están frenando, sin las dirigencias sindicales, proyectos regresivos de los gobernadores aliados a Milei. Un comité de base es la unidad de participación política, social o gremial de base territorial o funcional, con independencia de las burocracias y las patronales. Imaginen si logramos que todas estas puebladas discutan su futuro con estos comités, y mejor aún, que se les proponga un nuevo partido único de la clase obrera.
Es cierto que esta no es la primera vez que se ve algo así; ya pasó en la resistencia al golpe gorila de 1973, cuando abrazamos la Revolución y tuvieron que habilitar la vuelta de Perón para frenar ese proceso. Luego lo volvimos a ver en el proceso que terminó del antes, durante y después del 2001, que nuevamente logró frenar Néstor Kirchner con algunas políticas de Estado progresivas, buena comunicación y, por supuesto, represión (incluyendo Ley Antiterrorista). Hoy se abre nuevamente una oportunidad histórica en donde hay que entender algo fundamental: más allá de los “ismos” y el espectro, lo que está en debate es si podremos por fin elevarnos como clase nacional y tomar el poder, o nuevamente dejaremos pasar la oportunidad de independizarnos. Al fin y al cabo, siempre se trató de la lucha de clases.