Bolivia ruge. Lo que los grandes medios de comunicación de la burguesía intentan disfrazar como “conflictos por desabastecimiento” es, en realidad, el despertar de una rebelión popular y antiimperialista. El modelo económico del gobierno de Rodrigo Paz —servil a los intereses del capital transnacional y las oligarquías— ha descargado el peso de la crisis sobre las espaldas de la clase trabajadora. Hoy, el campesinado indígena, los mineros y los obreros urbanos responden con la única herramienta legítima de los explotados: la acción directa y la movilización de masas.

La crisis del capitalismo dependiente y el ajuste de Paz
La escasez de dólares, las interminables filas en las estaciones de servicio para conseguir combustible y el encarecimiento criminal del costo de vida no son accidentes climáticos; son la consecuencia directa del agotamiento de un capitalismo dependiente y extractivista. Tras la caída de los ingresos del gas —pilar que durante años sostuvo la estabilidad gracias a la nacionalización y la presión de las bases del Movimiento al Socialismo (MAS)—, la administración de Rodrigo Paz ha optado por la receta clásica de la derecha: asfixiar al pueblo para salvar las ganancias de los empresarios.
A este escenario de miseria planificada se suma la persecución política y judicial contra Evo Morales, un burdo intento de la reacción interna para descabezar a las organizaciones sociales, criminalizar la protesta y desmantelar las estructuras comunitarias que históricamente han resistido al neoliberalismo.
Sangre obrera y campesina: los Ponchos Rojos
La respuesta de las masas no se hizo esperar. En un acto de profunda conciencia de clase, los Ponchos Rojos y la Federación Túpac Katari han establecido un cerco heróico sobre la sede de gobierno en La Paz, paralizando las arterias del comercio capitalista.
La respuesta del gobierno de Paz fue la represión, atrincherado en su despacho y respaldado por los comunicados de las embajadas imperialistas, envió a la policía a romper los bloqueos. En los últimos días, se reportó la trágica muerte de compañeros en los puntos de bloqueo, vidas segadas por la intransigencia de un gobierno que prefiere la violencia antes que ceder a las demandas populares. Entre los caídos se encuentra el compañero Alberto Cruz Chinche, histórico militante de la causa campesina.
¡La Rebelión Popular seguirá el ejemplo de la lucha que han dejado los compañeros!
La huelga general y el poder popular, la unidad obrero-campesina en la calle demuestra que el plan institucionalista y privatista es un fracaso estatal. Aunque el presidente Rodrigo Paz intenta sostenerse mediante el uso de la fuerza y el apoyo internacional de las clases dominantes, la movilización popular desborda cualquier intento de contención. No hay salida democrático-burguesa viable para esta crisis.