La ultraderecha ha ganado las elecciones en Argentina, Chile, Honduras, Bolivia, Perú y Colombia al hilo. El progresismo apunta a la injerencia imperialista al estilo “Honduras Gate”. Es cierto el inferencialismo, no lo vamos a negar, pero ¿es la única causa por la que la derecha avanza en toda la región?. ¿Qué política podemos oponerle a la derecha?

La ultraderecha ha ganado las elecciones en Argentina, Chile, Honduras, Bolivia, Perú y Colombia al hilo. El progresismo apunta a la injerencia imperialista al estilo “Honduras Gate”. A los que tenemos unos cuantos años esto nos recuerda a los “golpes de Estado blando” mediante la justicia y la manipulación mediática, con los que aparentemente perdieron las elecciones las oleadas anteriores del progresismo.
Es cierto el inferencialismo, no lo vamos a negar, pero ¿es la única causa por la que la derecha avanza en toda la región?. Ningún proceso es resultado de una sola causa, si no que existen múltiples causas que generan el hartazgo y deseo de cambios radicales. El progresismo se abraza a la institucionalidad de un sistema que está agotado. La ultraderecha se hace un hueco encausando el deseo frente a ese hartazgo y desilusión con la política. No importa que ese deseo sea destrucción y odio, es una propuesta creativa frente a una izquierda que solo propone conservar una democracia que se cae a pedazos y con ella caen miles.
Esto no es nada nuevo, cuando en la URSS se adaptaron a la institucionalidad establecida desde la época del estalinismo, perdieron la capacidad de crítica y creatividad de proponer el deseo de un mundo nuevo. La revolución socialista se fue agotando y la clase obrera salió a combatir al Partido Comunista junto a la burguesía internacional. Cuando cayó la URSS, muchos levantaron el argumento de que fue un golpe imperialista, algo similar a lo que se ha hecho con la caída de al-Assad en Siria o Gadafi en Libia.
El mismo deseo de algo nuevo frente al hartazgo que llevó al chavismo a coronar en los años 2000, construyendo un proceso de cambio en toda la región es el mismo que hoy está llevando a la ultraderecha a arrasar y quedarse con el poder estatal en todo el continente. Aunque el gobierno de Petro haya sido parte de una propuesta más audaz y radical que Boric, Arce, Lula, etc, no alcanza cuando el capitalismo está discutiendo una reconfiguración de las relaciones de producción y su propio contrato social que se llevan puestas las medidas paliativas.
Estuvimos en Cartagena, Colombia invitados al III Encuentro Internacional de Medios Alternativos, Comunitarios y Digitales y hablando con los trabajadores de una playa comentaban que les da igual si Abelardo de la Espriella se parece a Javier Milei, porque, según ellos, Petro no mejoró la política de seguridad. Otra crítica era que se perdió más tiempo en sus internas, como la pelea con la vicepresidenta Francia Márquez, que en escuchar las demandas populares. Luego hablamos con funcionarios y militantes del Pacto Histórico y su lectura es que el poder judicial, las operaciones mediáticas y el inferencialismo imperialista son los responsables de las derrotas del progresismo. Nos fuimos con dos miradas diferentes y queremos mencionarlas.
Quizás, lo mejor que podemos hacer en este contexto es dejar de pensar que las elecciones se pierden por una u otras causas, pues, aunque puede que todas las versiones sean ciertas, lo determinante, al menos en Colombia, fue saber que no escuche a nadie decir que el gobierno de Petro sea corrupto o “casta”, algo que difiere a las opiniones – con mucha razón – sobre el peronismo en Argentina. Entonces, parece que el problema es aún más complejo, y apunta a que no podemos encontrar formas para oponer resistencia exitosa a la ultraderecha.
Si me voy atrás en el tiempo, durante el proceso que le puso fin al uribismo en Colombia existían Cabildos Abiertos, espacios de debate y democracia popular con balances y propuestas. Durante la campaña de Petro en 2022 estos espacios fueron claves para el triunfo del Pacto Histórico. Pero, en estas elecciones se noto la llamada “campaña de miedo” contra de la Espriella, similar a la que hizo el peronismo contra Milei en 2023, el Partido Comunista de Chile contra Kast, Revolucion Ciudadana contra Noboa, etc. Quizás tratar de mostrar quienes son los personajes de la extrema derecha no funciona, quizás pensar otros métodos para enfrentar al neo-fascismo.
Siempre hay que volver a Marx, quien dejó en claro con su Crítica del Programa de Gotha, que la clase obrera debe elevarse como clase nacional y combatir a la burguesía, que también es internacionalista. En Argentina desde ya no podemos pensar en que existe una burguesía nacional progresista, pero en Colombia según me comentaron, Cepeda ni se molestó en pactar con esta burguesía. Entonces, los 12 millones de votos que obtuvo son importantes para analizar lo que se viene, puesto que siendo más audaz y “jugándosela” más que otros partidos progresistas, logró elevar el piso histórico de la izquierda colombiana.
Dejando pasar los días, la derrota en Colombia se asemeja a la de Perú o la de Bolivia, donde lo que se autodefine como “izquierda progresista” sigue teniendo un peso enorme. En Bolivia, la suma de la abstención de EVO Pueblo, más los votos de Alianza Popular y el MAS-IPSP dan una segunda fuerza política; y en Perú, Juntos estuvo a menos de un punto de ganarle a Keiko Fujimori. Claro que, no podemos tampoco conformarnos con estos datos pues, el neofascismo esta dispuesto a liquidar la organización popular y ahora corresponderá pensar como oponerse a su proyecto.
Desde ya, el giro a la extrema derecha de toda la región nos lleva a pensar en la necesidad de una coordinadora de las luchas, una suerte de Internacional que nos ayude a tener una agenda en común para organizar victorias desde la clase obrera. Necesitamos elevarnos como clase, pues queda claro que somos nosotros los únicos que podemos definir el curso de la historia y nuestro futuro. El capitalismo conduce abiertamente a la barbarie, la catástrofe y la guerra. No nos atrevemos a responder a la pregunta de “¿Qué política podemos oponerle a la derecha?”, pero creemos que es necesario al menos abrir el debate en toda Latinoamérica.
Un abrazo a todos los compañeros de todo el continente. Nuestro camino es luchar, vencer, caernos y levantarnos hasta el triunfo del socialismo.