Cuba va por su propia “Reforma y Apertura”: la mayor actualización económica desde la Revolución

La Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba validó un amplio paquete de 176 reformas económicas. Aunque la prensa liberal y algunos medios compañeros de izquierda titulen que se trata de un giro neoliberal de la isla, el mismo busca oxígeno para blindar el socialismo frente al asfixiante bloqueo de EE. UU. Se trata de una reforma pragmática que ya han realizado China, Vietnam, Laos e incluso países de las extintas repúblicas socialistas de Europa.

Mientras enfrenta una de las situaciones económicas más complejas desde la caída de la Unión Soviética, Cuba avanza en una serie de reformas destinadas a reactivar la producción, atraer inversiones y generar nuevas fuentes de ingresos para una economía fuertemente afectada por el bloqueo estadounidense, la pandemia y las limitaciones estructurales acumuladas durante décadas.

La frase del presidente Miguel Díaz-Canel ante el parlamento cubano resuena con la crudeza del momento histórico: “Si no hay riqueza, no hay nada que redistribuir. La riqueza la tenemos que producir nosotros, si no, no hay justicia”.

 

Con ese pragmatismo de urgencia, la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba ratificó el mayor paquete de reformas estructurales en décadas, integrado en el Programa Económico y Social para el 2026. Sin embargo, estas medidas han generado debates tanto en la izquierda como en la derecha. La Izquierda Diario lo concibe como una capitulación del socialismo y no es de extrañar, ya que su lectura es hacer una “nueva revolución” contra el gobierno del Partido Comunista. Lo cierto es que, si bien todo debate es necesario, estas reformas están lejos de representar un abandono del socialismo, ya que forman parte de un proceso que otros países socialistas emprendieron anteriormente para modernizar sus economías y garantizar la continuidad de sus proyectos políticos: la NEP de la URSS, la Reforma y Apertura China o el Doi Moi de Vietnam son ejemplos de ello.

 

Ahora bien, Cuba es un país pequeño a pocos kilómetros del imperialismo, que sufre desde hace 50 años un bloqueo criminal. Esta política limita el acceso a financiamiento internacional, dificulta operaciones comerciales y encarece la importación de bienes esenciales. A ello se suman los efectos de la crisis global y la caída de ingresos provenientes del turismo durante los últimos años.

Entre las reformas se encuentran una mayor apertura a las pequeñas y medianas empresas privadas, la ampliación de espacios para cooperativas, incentivos a la inversión extranjera y cambios en los mecanismos de planificación económica. El objetivo declarado es aumentar la producción nacional, reducir la dependencia de las importaciones y generar divisas que permitan sostener programas sociales estratégicos.

 

La experiencia internacional muestra que este camino no es nuevo. Desde finales de la década de 1970, China impulsó profundas transformaciones económicas bajo la conducción del Partido Comunista, combinando planificación estatal con mecanismos de mercado. El resultado fue una acelerada industrialización que convirtió al país en una de las principales potencias económicas del mundo.

 

El modelo chino, de todos modos, es cuestionado por llevar casi 50 años sin avanzar en la abolición de la propiedad privada de los medios de producción en las zonas económicas específicas, manteniendo ciertos niveles de explotación similares a los países capitalistas occidentales.

 

Un proceso similar ocurrió en Vietnam con la política de renovación conocida como “Doi Moi”, implementada a partir de 1986. A través de reformas orientadas a estimular la producción, atraer inversiones y modernizar sectores productivos, el país logró reducir drásticamente los niveles de pobreza y sostener el liderazgo político del Partido Comunista.

 

Incluso Laos, otra nación gobernada por un partido comunista, desarrolló durante las últimas décadas mecanismos económicos mixtos para fortalecer su crecimiento y mejorar las condiciones materiales de su población. En ambos casos, el debate es similar al de China: ¿dónde están los límites del capitalismo y el socialismo?

 

En ese contexto, las reformas aparecen para amplios sectores de la sociedad cubana como una necesidad antes que como una opción. La generación de empleo, el aumento de la producción de alimentos, la recuperación de infraestructura y la obtención de divisas son desafíos urgentes para una economía que necesita dinamizarse, eso sí, sin abandonar las conquistas sociales construidas desde la Revolución de 1959.

 

La apuesta del gobierno, con debates ciudadanos previos, es que las reformas permitan superar los cuellos de botella productivos y mejorar las condiciones de vida de la población sin resignar el control público de áreas estratégicas ni los principios fundamentales de la Revolución. Para los sectores de izquierda marxista se abre un nuevo debate sobre las estrategias de planificación económica.