
¿Estamos todos horrorizados? ¿O estamos tan anestesiados que no dudamos en llamar tragedia a eventos, por lo menos, previsibles? Pero ¿Qué es una tragedia? En principio, la tragedia es un género literario en el cual un héroe se ve enfrentado a un destino tan fatal como inevitable: no importa lo que haga, no importa cuánto se esfuerce, los dioses ya tienen fijado su destino y tarde o temprano va a caer a causa de los excesos cometidos en su vida.
Por otro lado, la tragedia, en la Grecia Clásica, no fue un género literario tal como lo conocemos hoy en día. Se trató de una institución social, una puesta en escena, destinada a disciplinar y educar a sus espectadores quienes se proyectaban en los excesos que representaban los héroes que, finalmente, eran castigados por los dioses. De esta manera, los ciudadanos desistían de cometer acciones parecidas que perjudicaran a su comunidad. Este resultado fue denominado catarsis debido a su efecto purificador de las emociones que impedía, de una u otra forma, que los individuos traspasaran los límites sociales.
Hoy en día, pocos reconocen este significado en la palabra tragedia, pero está muy claro cuando un evento puede ser considerado como tal : cuando resulta imprevisible y, por lo tanto inevitable…Pero ¿Podemos decir que el hecho de que un adolescente de 15 años entre a un colegio armado con una escopeta y le dispare a sus compañeros es inevitable?
Para afirmar que sí o que no, necesitamos un poco de contexto: el acontecimiento ocurrió en Argentina, más precisamente en la Ciudad de San Cristóbal, en la Provincia de Santa Fe, provincia gobernada por Maximiliano Pullaro, militante del Partido Radical, posicionado a la derecha de casi todo y alineado con el presidente Javier Milei. Llegó al poder reproduciendo un discurso de mano dura, como primera medida de gobierno publicó en redes sociales videos de golpizas y allanamientos en las cárceles al mejor estilo Bukele con la excusa de terminar con los delitos que los cárteles del narcotráfico producían desde adentro y cuyos resultados desde afuera aun no hemos visto. Entre otras de sus hazañas, se encargó de explotar el nuevo Código Procesal Penal Juvenil que la Legislatura Provincial le dejó servido en bandeja el 30 de noviembre de 2023 , a sólo diez días de su Asunción y,como frutilla del postre, entregó APRECOD (Agencia Provincial de la Prevención del Consumo de Drogas) a los evangelistas como premio por haber militado su campaña para que hagan sus negocios y trabajen las adicciones desde una perspectiva abstencionista lo menos científica posible, jugando con la vida y la salud de las personas. Yo lo viví, tuve que bajar las persianas del centro de día que coordinaba y dejar a diez mujeres con sus hijos sin dispositivo intermedio para poder recuperarse.
¿Tengo un punto? Sí, lo juro, el pluriempleo me hizo Profesora reemplazante de Lengua, maestra de integración escolar y trabajadora precarizada del área más ignorada por cualquier gobierno provincial, el Área de Niñez, Adolescencia y Familia.
Pero tenemos que seguir sumando contexto: todos sabemos el nombre del adolescente que entró a la escuela con una escopeta y comenzó a disparar y sabemos que fue uno solo, pero no sabemos otros números sobre nuestros niños y adolescentes argentinos y santafesinos… de eso quiero hablar.
Los suicidios en Argentina superaron los siniestros viales y los homicidios como principal causa de muerte violenta, los datos de 2025 no se encuentran publicados, pero en 2024 hubo 4249 suicidios, es decir, 9 por cada 100.000 habitantes, posicionándose como la segunda causa de muerte entre jóvenes de 10 a 19 años y ascendiendo a 12,7 cada 100.000 entre las edades de 15 a 19.
Lo más curioso es que a finales de 2025 el Ministerio Público de la Acusación de Santa Fe publicó por primera vez los datos de los suicidios en la provincia y, como nosotros no nos cansamos de triunfar, obtuvimos un récord, fuimos la provincia que registró más suicidios durante el año pasado: 448 personas se quitaron la vida en nuestro territorio, 12,7 cada 100.00 habitantes, y si bien no se especifica en porcentaje por edad, se dice que una gran parte de estos hechos implicaron jóvenes de 14 a 25 años. Debemos aclarar que, según fuentes periodísticas, muchos de estos suicidios se concretaron luego de amenazas que algunos jóvenes recibieron tras contraer deudas con bandas narco policiales. Por lo demás, tenemos los datos numéricos, no se han indagado mucho las causas.
En ese marco, voy a plantear mi primera reflexión: hay algo muy común que se dice cuando estos hechos ocurren y es que las personas “deciden morir”, sin embargo, yo quiero recoger el guante y decir -Cuando alguien se suicida y más, si este alguien, es un niño o un adolescente ( y créanme, yo atendí intentos de suicidio, trabajo en Niñez), es porque ya no puede decidir más nada, o siente que ya no puede hacerlo-
Entonces, no tengo otra opción que llamarnos a la reflexión como sujetos críticos y potencialmente activos con algunos interrogantes: ¿Cuándo empieza el horror? ¿Cuál es el horror que sí nos permitimos ver? Porque es muy sencillo ver una decisión donde no la hay y embellecer un hecho violento como el suicidio de un niño, pero no es tan sencillo ver a un adolescente entrar a ejecutar un plan de exterminio en una institución llena de otros niños que, inocentemente, están cumpliendo una rutina escolar. Es entonces que elegimos no ver a quien sufre en silencio, pero sí ver, odiar a quien sufre a los gritos, a quien sufre y también, tiene rabia, tiene armas, porque en las casas hay armas, en Santa Fe hay armas, en los vídeos del gobernador hay armas, en internet hay armas, en las calles de Rosario, la ciudad con más homicidios del país,hay armas: la gente no se mata con hechizos ni con varitas mágicas.
Para terminar esta idea, conviene mencionar que según las autoridades estamos ante una epidemia de suicidios en la Provincia y el Ministerio de Educación hizo lo que mejor sabe hacer y quizás lo único que hace: bajó un protocolo de actuación; pero yo, en las escuelas solamente veo a maestras y profesoras pensando, leyendo, hablando, preguntando y formándose por su cuenta ante el primer indicio de autolesiones que perciben en cualquiera de sus estudiantes. Lo sé porque me ha tocado verlo como reemplazante y porque he querido ayudar como integradora, como profesional de la salud mental, siendo que no era mi responsabilidad. Escuelas sin psicólogos, sin tutores, sin nadie a quien consultar o recurrir, mientras Carina Gentile, la flamante Directora del Programa de Prevención del Suicidio de Santa Fe se pasea por lo medios contando cómo el suicidio es un fenómeno multicausal, cómo se están relevando los casos por edades y explicando muchísimas cuestiones metodologicas y burocráticas. Entre las cuales considero que debería explicar cómo va a prevenir el suicidio, cómo va a hacer para tratar el aumento de las enfermedades de salud mental de las que tanto habla si su gobierno solo destinó en el presupuesto provincial para 2026 un 0,02% del mismo a los gastos en salud mental.
Dicho esto, respiremos y vayamos al primero de abril, el día en el que volvimos a la escuela todos después de los hechos ocurridos en San Cristóbal. Como era de esperarse, y como todo síntoma social, el acontecimiento ocurrido se replicó en amenazas en diferentes escuelas a lo largo de la provincia y del país, hasta que el día 20 de abril el Ministerio de Educación de Santa Fe a cargo de José Goity, quien no solo asegura que no se puede pagar un psicólogo por escuela sino que le tiene impedido el derecho a huelga a los docentes y pisado el salario, puso manos a la obra y bajó unas orientaciones institucionales a los equipos directivos que debían ser leídas tanto en los niveles superiores primarios como en los niveles secundarios.
La misiva buscaba hacer desistir a los alumnos de producir cualquier amenaza “falsa” y ponía el foco en la familia instando a fortalecer la comunicación en el hogar, hogares completamente agobiados por la crisis económica que atraviesa el país. Hogares sostenidos por padres que trabajan de 8 a 12hs para mantener a sus hijos, padres que tienen más de un trabajo no formalizado, que toman colectivos que han reducidos entre un 17% y un 20% su frecuencia y cuyo costo es de $1720 el pasaje, padres que manejan altos niveles de morosidad, que ocupan su tiempo en cocinar muchísimo para ahorrar lo más posible, padres cuyo tiempo de ocio es ir a una plaza a tomar mates un ratito algún fin de semana, en definitiva, padres cuya vida está siendo demasiado pesada.
Sin embargo, como si esto fuera poco, muy congruente con los principios policiales y guerreristas que llevaron a estos funcionarios al poder y contra todo principio ético y pedagógico, decidieron amenazar a nuestros alumnos y a sus familias: se les advirtió que el Código Procesal Penal Juvenil de la Provincia permitía privar de la libertad a partir de los 14 años, pero que, en este caso, iban a proceder desde una edad más temprana de ser necesario, que iban a trabajar con el Ministerio de Justicia y con el Ministerio Público de la Acusación bajo la carátula del delito de “Intimidación Pública”, que sus casas podían ser allanadas, que sus dispositivos tecnológicos podían ser retenidos, sus redes sociales rastreadas, al igual que cualquiera de sus direcciones IP, que no iba a haber ninguna posibilidad de anonimato, que si algún miembro de sus familias los quería cubrir también iban a ser procesados y que, además sus familias iban a pagar los costos de los operativos que se tuvieran que realizar si se diera una amenaza porque serían muy caros para las arcas gubernamentales.
Es increíble pensar que el estado de amenaza y violencia constante que nos trajo hasta acá pudiera sacarnos de acá, pero bueno, parece que esa es la solución que encontró el Ministerio de Educación antes que destinar presupuesto, dejar de votarle las leyes a Milei y laburar: la polis ateniense no existió para siempre, la catarsis dejó de funcionar en algún momento, pero bueno, no espero que lo entiendan.
Cómo última reflexión, entre tantas cosas que me gustaría plantear pero la extensión no me deja, quisiera decir que yo NO QUIERO HABLAR MÁS DE SALUD MENTAL, no quiero hablar más de salud mental o de crisis en salud mental si solo voy a hablar de presupuestos para psicólogos y presupuestos para pastillas, no porque no quiera presupuesto para psicólogos y para pastillas, sino porque quiero más que presupuesto para psicólogos y para pastillas en el sector público, quiero más dispositivos intermedios, más dispositivos comunitarios,quiero que hablemos más del rol del entorno familiar y social en la constitución subjetiva de las infancias y adolescencias, quiero dejar de escuchar que sanar es olvidar que violaron tus derechos, quiero docentes bien pagadas, quiero padres que no estén desocupados o super ocupados en poder comer, quiero que las áreas destinadas a infancias y niñeces tengan la cantidad de profesionales adecuados, quiero a los niños con discapacidades integrados, quiero gabinetes en las escuelas, en los terciarios, quiero que mis alumnos lleguen a la casa y almuercen en su casa,quiero que no abran instagram y haya un español de 20 años diciéndoles que se bañen con agua fría a las 5 de mañana y que si no corren 20 kilómetros son unos fracasados, quiero una campaña de desarme en Santa Fe, quiero saber por qué si controlaron el crimen organizado en Rosario hay una crisis de consumo de crack que no se puede parar, quiero que los jubilados no tengan que salir a vender turrones en las avenidas, quiero que dejemos de decirle al de al lado que todo se va a solucionar y que va a poder, mejor digámosle que lo vamos a ayudar a entender lo que está pasando, que si no consigue trabajo o le cuesta hacer amigos no es su culpa, que podemos caminar un ratito juntos, un paso a la vez, porque esto va para largo y no tenemos que desesperar.
La crisis es de salud mental, porque tenemos, en Argentina, una crisis del sistema político, una crisis económica y social que estalla en los eslabones más débiles, muchos se suicidan, uno entró a su escuela y empezó a disparar. Las clases dirigentes, el poder real, los señores de la guerra hacen vivir, para dejar morir.
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Guillermina Velazquez Sviser
Bachiller en Letras (UNR)
Acompañante Terapeútica
Maestra de Inclusión Trabajadora de Niñez, Adolescencia y Familia.