Peter Thiel en Argentina: un fascismo reconfigurado bajo el “Manifiesto Palantir”

Peter Thiel es uno de los arquitectos del nuevo bloque de poder tecnológico global; es el cofundador de PayPal, primer financista de Facebook y cerebro detrás de Palantir, una de las empresas más influyentes en inteligencia de datos y seguridad. Su figura está repleta de las posiciones más reaccionarias que se le han escuchado a un empresario en los últimos años, y eso que ser un empresario reaccionario es la tendencia del momento. Se define como “transhumanista”, un movimiento intelectual y cultural que promueve el uso de tecnologías avanzadas (IA, ingeniería genética, nanotecnología) para modificar las capacidades físicas, cognitivas y morales del ser humano. 

 

En su carrera pasó de un empresario más a financiar gobiernos de extrema derecha, y en los últimos años se enfoca en producir una doctrina que parece ser una reconfiguracion del nazi-fascismo. Su doctrina es explícitamente antidemocrática, ya que para él la libertad —entendida como libertad de mercado— puede ser incompatible con la democracia.Pero esto no es nada nuevo, el intelectual liberal Friedrich Hayek en El Mercurio allá por 1981 decía algo parecido. 

 

Thiel ha reconocido que en su pensamiento hay mucha influencia de René Girard, el padre de la teoría mimética. Esta teoría, formulada en la década de 1960, sostiene que el deseo humano no es autónomo, sino que se imita de los demás (deseo mimético). Deseamos lo que otros desean, lo que genera rivalidad, violencia y, eventualmente, la necesidad de un “chivo expiatorio” para restaurar la paz social mediante la unión contra una víctima común.

 

Desde ahí se organiza todo lo demás: una crítica frontal al Estado, una fascinación por las élites tecnológicas y la idea de que el futuro debe ser diseñado por minorías capaces de “acelerar” la historia sin interferencias. Es allí que hace hincapié en el transhumanismo bajo la creencia de que, mediante la aplicación de la tecnología y el conocimiento científico, el ser humano puede superar sus limitaciones biológicas actuales y mejorar su condición.

 

El pensamiento de Thiel no encaja del todo en el liberalismo clásico. Es otra cosa: una mezcla de libertarianismo extremo, teología política y futurismo tecnológico en búsqueda de la eliminación de una parte del ser humano. Su pensamiento está más cerca del de Hitler, que basado en el Darwinismo Social creía que la vida humana era una lucha brutal y eterna, donde solo los más aptos (según sus criterios raciales) debían sobrevivir y prosperar, justificando así la eliminación o modificación de los que consideraba “débiles” o “inferiores”.

 

Distintos análisis críticos, advierten que este ideario que promueve Peter Thiel, además de querer eliminar parte de la humanidad, empuja hacia una aceleración sin freno del desarrollo tecnológico, incluso cuando sus consecuencias sociales o ecológicas son inciertas. Pero hay un giro más inquietante, y ese es su lenguaje. Thiel habla en términos de “anticristo”, “apocalipsis” y “salvación”. Y ojo, no lo hace como metáfora literaria, sino como marco para pensar la política contemporánea.

 

Esa retórica cumple la función de convertir todos los conflictos políticos en batallas existenciales y legitima la idea de que el futuro debe ser decidido por una élite que se autopercibe como salvadora. 

Hace unos años, el crítico cultural marxista Fredric Jameson advertía de cómo una de las formas culturales del capitalismo tardío era el ciberpunk. En el ciberpunk los sujetos humanos han dejado de parecerse al hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci para acercarse al cyborg de Ghost in The Shell. En la visión de Peter Thiel, el futuro es materializar ese escenario ciberpunk, y Palantir es su herramienta. 

 

Palantir es una empresa que desarrolla plataformas de integración y análisis de datos. La base de clientes incluye agencias federales, gobiernos estatales y locales, organizaciones internacionales y también empresas privadas. En los últimos años su tecnología ha logrado una expansión de la vigilancia gubernamental mediante inteligencia artificial y tecnologías de reconocimiento facial. Sin ir más lejos, recientemente ha sido objeto de fuerte crítica pública y activismo social por su colaboración con el ICE durante la administración Trump. Su software Gotham fue utilizado para rastrear y deportar inmigrantes indocumentados. 

 

Su expansión por fuera de EEUU se dio al ser contratado por el gobierno de Alemania para supuestos casos de ciberseguridad. La versión alemana de la revista marxista Jacobin ha escrito que, si bien Palantir no roba datos ni realiza actividades de vigilancia, su creciente poder en Alemania sigue siendo preocupante, dadas las tendencias antidemocráticas de sus fundadores, y que el SPD y la Alianza 90/Los Verdes también tienen responsabilidad.

 

La tendencia antidemocrática y autoritaria de Palantir está siendo el punto de crítica de las agendas de los medios, periodistas y filósofos que alertan el peligro de su expansión. 

Pero Thiel no tendría el poder que tiene si no fuera por sus colegas de Silicon Valley. Elon Musk y Mark Zuckerberg, entre otros magnates están apoyando ideas como la del punto 12 del Manifiesto de Palantir: “La era atómica está terminando. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión construida sobre I.A. está a punto de comenzar”.

 

Y aquí es donde aparece otra figura en este delirio: Alex Karp. Este fundó el “Manifiesto de Palantir”, un libro con 22 tesis. Entre las más destacadas, como mencionamos arriba, afirma que la disuasión ya no se logrará mediante armas nucleares, sino mediante sistemas de inteligencia artificial (IA). Palantir postula la necesidad de instrumentos de poder “duros” con soporte de software. También sostiene que, en el discurso actual, está “prohibido” hablar de las distintas historias de éxito de diversas “culturas”.

 

Además, Estados Unidos debe resistir la tentación de un “pluralismo vacío y superficial”. Ambos puntos coinciden con la ideología MAGA asociada al presidente estadounidense, Donald Trump, y su entorno. Asimismo, la empresa aboga por la reflexión al triunfar sobre los enemigos, en lugar de la celebración inmediata. “Silicon Valley debe desempeñar un papel en la lucha contra los delitos violentos”, afirma la compañía, que vende sus productos a organismos encargados de hacer cumplir la ley en todo el mundo.

 

Lo que buscan es la imposición global del software americano, un modelo social y político donde las tecnologías cibernéticas e internet han de estructurarse desde la competitividad, el individualismo, el control, la vigilancia y la guerra imperialista. Es decir, un capitalismo sin su máscara democrática en un momento donde la crisis del sistema es insostenible y el imperialismo se ve en la obligación de imponerse como sea.

Para Lenin y los leninistas el fascismo es interpretado como una reacción del capitalismo en su etapa imperialista ante crisis profundas. El fascismo del siglo pasado surgio como una forma de ultranacionalismo totalitario que busca salvar el sistema capitalista de la inestabilidad económica y la amenaza socialista, utilizando la violencia, el terrorismo de estado y la supresión de los movimientos obreros. 

 

Franco “Bifo” Berardi define el fascismo reconfigurado (o “fascismo de la impotencia/senil”) no como una repetición histórica, sino como una respuesta depresiva y vengativa ante el colapso del futuro y el hipercapitalismo financiero. A diferencia del fascismo clásico (euforia/potencia), este nuevo modelo surge del pánico, la soledad y la humillación, actuando como un “tecnofascismo” que utiliza algoritmos y el aislamiento de las pantallas para controlar el desorden.

 

No cabe dudas que estamos ante la antesala de la segunda venida de un fascismo reconfigurado, y Palantir es la mejor prueba de ello. Ahora bien, nosotros creemos en lo que plantea Bifo como respuesta: una segunda venida de un comunismo reconfigurado.

 

La colección de Bifo Berardi dentro de la cual se publica “La segunda venida” se denomina “Futuros próximos”. El propone buscar la “salida del laberinto” e imagina lo que vendrá. Asocia el comunismo a un meme y a este lo define como: “unidad de significación encarnada en una palabra, en una imagen, en un gesto”. Cree así que el comunismo podría emerger como un “cortocircuito memético en el caos mental imperante”. Frente a este tecnofascismo, Berardi argumenta propone la “solidaridad consciente entre trabajadores más allá de los límites de las naciones”. Este es el único horizonte posible. Claro, eso o aceptar la extinción. Por ende, hoy más que de socialismo o barbarie deberíamos hablar de comunismo o extinción.