El 19 de julio de 1976 el máximo líder del ERP y del PRT, Mario Roberto Santucho “Roby”, fue asesinado por el ejército en la localidad de Villa Martelli. Si bien estas líneas no pretenden hacer un exhaustivo repaso biográfico sobre su figura, hay cuatro hitos que mencionaremos, a fin de traer al presente toda la potencia de su figura revolucionaria.

En primer lugar, hay que destacar la temprana experiencia del Frente Revolucionario Indoamericanista Popular (FRIP) del cual Roby participó junto con su hermano Francisco René en 1961. Este proyecto partió de pensar al noroeste argentino como el corazón geográfico de un proyecto de liberación en el cual las raíces andinas y latinoamericanas eran esenciales para la transformación social.
En efecto, su primer acto político consistió en el reparto de folletos escritos en castellano y en quichua en los cuales se daban a conocer como organización. El objetivo de los hermanos Santucho era unir campesinos, obreros, estudiantes e intelectuales. No obstante, el corazón del sujeto popular era el campesinado, puesto que habían estudiado las condiciones de explotación que imperaba en dicha zona geográfica.
Tras la experiencia del FRIP, Roby decidió fundar el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) el 25 de mayo de 1965. Se trataría del segundo hito que nos interesa reseñar en su contexto histórico. Su búsqueda consistía no sólo en el intento de unificación de dos vertientes de izquierda diferentes, sino también en la creación de un partido para la Revolución.
Las dos vertientes que confluyeron en el PRT eran el FRIP, por un lado, como una expresión del marxismo indigenista, de fuertes características latinoamericanistas y Palabra Obrera, por el otro, que se vinculaba con la tradición trotskista. El trabajo conjunto se inició en el apoyo al conflicto de los obreros de los ingenios que afrontaban la crisis de la industria del azúcar de los años 1961 y 1962. Los principales dirigentes de los ingenios tucumanos, que constituyeron sindicatos combativos y clasistas, surgieron del incipiente trabajo conjunto del FRIP-PO.
Luego de la ruptura con el sector trotskista de Palabra Obrera y con el trotskismo en general en 1968, Santucho creó el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una organización marxista leninista de estructura militar. Sin embargo, no dejó a un lado la formación de distintos frentes y expresiones legales de sus alianzas con diversas agrupaciones políticas, gremiales y sociales, con el objeto de canalizar la movilización popular y alcanzar una mayor gravitación en la política nacional.
Precisamente bajo la premisa de no abandonar ningún espacio de lucha y, en el contexto de legalidad formal que se abría en 1973 con la llegada de Héctor Cámpora, surgió el Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS), lo que constituye el tercer hito que queremos destacar.
El FAS fue, ante todo, la búsqueda de un frente popular de masas que pudiese intervenir en todos y cada uno de los aspectos políticos de la sociedad argentina: en lo social, cultural e intelectual y sindical. A tales fines, esta estructura frentista incluyó desde el Partido Comunista, organizaciones guevaristas, marxistas leninistas, pasando por izquierda independiente, peronismo de base y combativo como el Frente Revolucionario Peronista y el MR-17 de octubre hasta curas tercermundistas. En el plano intelectual, incluyó a Alicia Eguren de Cooke, Eduardo Jozami entre otros.
La finalidad de este Frente fue estructurar un amplio movimiento democrático y antiimperialista dirigido por la clase obrera para derrotar el Gran Acuerdo Nacional (GAN) que ya se avizoraba como desmovilizante. En el intento de incidir en la arena electoral se llegó a proponer la fórmula Tosco-Jaime, pero la misma no llegó a prosperar. Cabe recordar que Armando Jaime fue un histórico militante de la resistencia y del peronismo revolucionario.
A medida que las condiciones de legalidad se fueron achicando ante el avance de la fuerza represiva de la Triple A, tras la muerte de Perón, el FAS deja de funcionar debido a que la mayoría de sus organizaciones y dirigentes estaban proscriptos, amenazados de muerte y en la clandestinidad.
Ante un recrudecimiento de la represión en los países vecinos, cuyos gobiernos democráticos habían sido depuestos mediante golpe de estado, Santucho ideó una nueva herramienta ahora internacionalista para incidir en la lucha: la Junta de Coordinación Revolucionaria que es el cuarto hito que nos interesa mencionar. Dicha junta estaba conformada por el ERP y las guerrillas del MIR de Chile, Tupamaros de Uruguay y el ELN de Bolivia. De esta forma, Santucho ya vislumbraba el carácter sudamericano de la represión coordinada por EEUU y, ante dicha situación, debía haber un instrumento que coordine la información y también el armamento entre las organizaciones revolucionarias.
Estos cuatro hitos que señalamos en su vida política y militante se encuentran hilvanados por su creatividad, audacia y por la imaginación política al servicio de la Revolución. Santucho condensa el punto más alto de la generación militante de los 70. Aquella generación entendió que la verdadera democracia se ejercía desde abajo, desplegando todas las formas de poder popular en cada ámbito de la vida de nuestro país: la política, la sindical, la cultura, el periodismo y también respondiendo con violencia popular a la ejercida desde arriba tras el golpe de 1955.
Retomar el ejemplo militante del Roby junto con el de sus compañerxs implica un diálogo honesto con aquella generación, qué hacer con nuestrxs muertxs, cómo honrarlxs hoy después de la derrota de 1976. ¿Lo que ellxs pensaban en aquella época sigue teniendo vigencia en la actualidad? Sostengo que todo debe ser actualizado porque creer en fórmulas cerradas es un error del dogmatismo, pero que en la militancia revolucionaria de los 70 hay dos verdades que permanecen tan presentes como necesarias: los cambios deben ser estructurales y el capitalismo es una basura alienante al cual tenemos que derrotar.
La época actual nos obliga a estudiar sus experiencias de lucha, aprender de ellas no para replicarlas cincuenta años después, en otro mundo, sino para rescatar su espíritu de radicalidad y traducirlo a esta Argentina de hoy, gobernada por la ultra derecha que sirve a los mismos intereses de siempre: los del capital y los del imperialismo yanqui. Esta situación nos compele a salir de la ingenuidad que sólo con la lucha electoral se puede modificar el estado de las cosas cuando vemos que la democracia de 1983 se restringe a diario y que las instituciones miran absortas cómo el poder es capaz de vender un país entero con su gente adentro. Habrá que experimentar otros caminos paralelos e imaginar osadamente hasta que se abra una etapa de transformación.
El poder se encargó de maldecir la figura de Santucho. Procuró que su apellido deba ser omitido de la historia oficial o pronunciado en voz baja, casi como un susurro que nos recuerda que, en este país, hubo una generación que se jugó entera por la liberación nacional y social, asumió al enemigo y llevó a la práctica aquella consigna guevarista que decía “en una revolución se triunfa o se muere si es verdadera.”