La rebelión popular estudiantil quema la Corte Suprema y toma el Parlamento de Albania

Miles de estudiantes y jóvenes llevan días movilizados contra la corrupción, el deterioro de la educación, el desempleo y distintos proyectos impulsados por el Gobierno. Las protestas se radicalizaron y edificios públicos fueron incendiados, mientras la Policía respondió con gases, camiones hidrantes y balas de goma. El gobierno de Edi Rama se encuentra en la cuerda floja.

Albania atraviesa una de las mayores crisis de movilización contra el gobierno de Edi Rama de los últimos años. Desde hace varios días, miles de estudiantes y jóvenes ocupan las calles de Tirana, capital del país, reclamando la renuncia del primer ministro y denunciando corrupción, altos costos educativos, falta de oportunidades laborales y el deterioro de las universidades.

 

La protesta, que comenzó con reclamos estudiantiles y ambientales, se transformó en un movimiento antigubernamental más amplio. Durante las últimas jornadas se registraron enfrentamientos con la Policía y ataques contra distintos edificios estatales.

Edificios públicos en llamas

 

El Ministerio de Educación fue parcialmente incendiado durante una de las primeras jornadas de mayor intensidad. También fueron atacadas oficinas gubernamentales, bancos y otras instituciones en el centro de Tirana. La Policía utilizó gases lacrimógenos y camiones hidrantes para dispersar a los manifestantes.

 

El domingo, la escalada alcanzó al Tribunal Supremo, cuyo edificio fue incendiado durante los enfrentamientos. Las imágenes difundidas desde Tirana mostraron las oficinas del máximo tribunal envueltas en llamas mientras continuaban las protestas.

La violencia también alcanzó las inmediaciones del Parlamento y otros edificios estatales. Manifestantes arrojaron piedras, cócteles molotov y otros objetos contra las fuerzas de seguridad, mientras la Policía respondió con gases, agua y proyectiles de goma. Reuters informó que sus periodistas también fueron alcanzados por perdigones durante los enfrentamientos.

 

El movimiento tiene como uno de sus principales protagonistas a los estudiantes, pero sus reclamos excedieron rápidamente el ámbito universitario. Las movilizaciones cuestionan el costo de los estudios, las condiciones de las instituciones educativas, el desempleo juvenil y las denuncias de corrupción contra funcionarios del Gobierno.

 

Otro de los conflictos que alimentó las movilizaciones es el proyecto de construcción de un complejo turístico de lujo en la costa albanesa, vinculado al empresario Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump. Organizaciones ambientalistas y sectores movilizados cuestionan el impacto del proyecto y sostienen que representa un ejemplo de cómo determinados intereses económicos pueden imponerse sobre el territorio.

 

El Gobierno, por su parte, acusa a sectores de la oposición de aprovechar las movilizaciones y sostiene que los ataques contra edificios públicos no representan una protesta estudiantil legítima. Rama se ha negado a renunciar y afirma que su gobierno continuará trabajando para llevar a Albania hacia la Unión Europea.

 

La Policía informó cientos de detenciones desde el comienzo de los disturbios, mientras el número de personas heridas también aumentó durante los enfrentamientos. El movimiento, además, comenzó a extenderse desde Tirana hacia otras ciudades del país.

Albania enfrenta así una crisis política y social cuya evolución todavía está abierta. La protesta ya no se limita a un reclamo por las condiciones universitarias: corrupción, educación, empleo, territorio y cuestionamientos al modelo de desarrollo confluyeron en las calles de Tirana.

 

Por ahora, el Gobierno de Rama permanece en funciones. Pero la magnitud de las movilizaciones y la creciente confrontación entre manifestantes y fuerzas de seguridad colocaron al poder político albanés ante uno de sus mayores desafíos recientes.