
No, Marx no era satánico, pero Javier Milei en Israel, hablando de la supuesta superioridad ética y cultural del judaísmo por sobre otras culturas, afirmó que sí lo era. “El marxismo es una teoría satánica”, afirmó el presidente, quien luego reivindicaría a Benjamín Netanyahu y también atacaría al concepto de “justicia social” de la Doctrina Social de la Iglesia Católica.
El discurso lo dio luego de recibir un diploma Honoris Causa en la Universidad Bar-Ilan, la casa de altos estudios que contempla entre los exalumnos al extremista de derecha que mató al ex premier israelí Yitzack Rabin el 4 de noviembre de 1995, cuando en Israel aún había esperanzas de paz.
Joseph McCarthy fue conocido como el “inquisidor” anticomunista que lideró la cacería de brujas más recordada del siglo XX en EE. UU. De ahí en más, se le llama “macartismo” a todos aquellos que expresan cualquier ridiculez sobre Marx y el marxismo, que carecen de lógica alguna y solo apuntan a generar sensacionalismo y construir nuestro movimiento como “destinatario negativo” o “contradestinatario”, en términos de Eliseo Verón.
Marx tiene una frase célebre en “Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel” (1844) que dice: “La religión es el opio del pueblo”. Pero el satanismo es una religión que se basa en la autoapoteosis (el individuo como su propio dios), el racionalismo y el individualismo, algo incompatible con el pensamiento marxista. Sin embargo, el anticomunista y luterano (cristiano protestante) rumano Richard Wurmbrand llegó a escribir un libro sobre el asunto llamado “Marx y Satanás” (1976), luego de ser perseguido por las autoridades comunistas ante su intento de derrocar al gobierno socialista. De ahí en más surgen teorías conspiranoicas como las que lanzó Milei.
Jordan Peterson es un pseudointelectual liberal que influyó muchísimo en la llamada “nueva derecha”. En sus análisis, a menudo vincula el marxismo con motivos espirituales oscuros, discutiendo la idea de que Karl Marx era un devoto de un ethos mefistofélico o satánico. Esta postura se basa en interpretaciones de escritos juveniles de Marx sobre el diablo y la creencia de que su ideología busca la destrucción. En su pensamiento fanático cristiano dice que hay que actuar pensando en que Dios existe, y no entiende cómo alguien puede distinguir razonablemente el ateísmo militante de la adoración al Príncipe de las tinieblas. Para él, el ateísmo militante es, en la práctica, satanismo.
Milei repite lo mismo que Peterson al afirmar que Marx “era satanista porque sus propios textos de juventud lo revelan, ya que son un himno a la destrucción y al odio contra el creador”. No es de extrañar, ya que es uno de sus ideólogos, pero a diferencia de este, que es católico, Milei sostiene que “la Torá fue el antídoto contra las ideas de izquierda” y califica al marxismo como “satánico y opuesto al programa de Dios”.
No es la primera vez que Milei acusa de satánico a alguien que está en las antípodas de su pensamiento político. Hace un año se fue Francisco, el papa jesuita argentino que hizo reformas progresivas y populares en la Iglesia católica. Cualquiera que estudie sabe que los jesuitas adhieren a la “Doctrina Social de la Iglesia Católica”, que dice oponerse al capitalismo y al socialismo por igual, abogando en su lugar por la “justicia social”. A Francisco, Milei lo llamó “el representante del maligno en la Tierra”.
Juan Domingo Perón se basó en esa doctrina para desarrollar el llamado “justicialismo”, que con el tiempo se convirtió en el movimiento político más grande de la Argentina. El vínculo jesuita con el peronismo es innegable; por estas razones, Milei se jacta de ser quien lucha por ponerle fin a la “justicia social”. De hecho, The New York Times afirma en un artículo titulado “Javier Milei quiere cambiar la mentalidad de los argentinos” que: “Milei libra una batalla cultural contra la justicia social en Argentina”.
Con esta información, podemos observar que, así como el peronismo llegó a hacer del catolicismo una religión de Estado en la práctica y la base principal de su doctrina, Milei busca en el judaísmo y la Torá las bases para su movimiento de “nueva derecha”. No siempre pensó así; de hecho, es católico, pero su alianza carnal con Netanyahu le obliga a mostrarse como el “presidente más sionista del mundo”. Por estas razones expreso en el mismo discurso que: “Con determinadas culturas no vamos a poder convivir, porque nosotros defendemos la vida y ellos nos van a querer matar”.
El judaísmo expresa que ellos son “el pueblo elegido” por Dios, y mantienen la creencia de que han sido elegidos con un propósito. David Ben-Gurión fue el primer Primer Ministro de Israel, era socialdemócrata y sionista y afirmaba cosas como “No se trata de mantener el statu quo. Tenemos que crear un estado dinámico, orientado a la expansión.” “Todo escolar sabe que en la historia no existe un acuerdo definitivo, ni en lo que respecta al régimen, ni a las fronteras, ni a los acuerdos internacionales”. Esto nos refleja la naturaleza de Israel en sus planes expansionistas y sus confrontaciones contra otras culturas.
Volviendo a Marx, es cierto que él veía a la religión como el “opio del pueblo”, un consuelo ilusorio ante la miseria material. En este sentido, argumentaba que un Estado laico, separado de la iglesia, eliminaría la tutela religiosa política, pero la verdadera liberación requiere eliminar la base económica, es decir, el capitalismo que genera la necesidad de consuelo religioso.
Lo que está claro es que los Richard Wurmbrand, Jordan Peterson o Javier Milei no hacen más que escupir propaganda anticomunista carente de argumentación y desde un fundamentalismo religioso. Pero aprender a interpretar el marxismo y poder entender desde el materialismo la cuestión sobre la religión nos permite incluso evitar “guerras santas” como las que quiere hacer Israel contra árabes, musulmanes y católicos, o como las que han hecho en siglos pasados los cristianos y católicos contra otros pueblos.
Nosotros somos ateos, pero hay dentro del movimiento quienes incluso reivindican un “comunismo cristiano” basado en la obra “Utopía” (1516) de Tomás Moro, donde se retrató una sociedad sin clases sociales basada en la propiedad común, cuyos gobernantes la administraron mediante la razón. Igualmente, estas teorías cobraron fuerza con Karl Kautsky, que sostenía que había elementos comunistas radicalizados en los tiempos de la Reforma de Martin Lutero. A este muchacho ya le desmontó el discurso Lenin en “La revolución proletaria y el renegado Kautsky” (1918), expresando que usa “tonterías… para nublar y confundir el tema”.
Y cerramos con esto porque hoy se cumple un año de la partida de Francisco, quien en muchos puntos fue un aliado nuestro, pero su doctrina no tiene nada que ver con la nuestra. Sin embargo, nuestro ateísmo nos lleva a no tener problemas con quienes le reivindiquen por sus posiciones humanistas, pero nunca mezclando conceptos y movimientos como Kautsky. El marxismo rechaza la fe religiosa, pero no desde el simplismo ateísta, sino entendiendo que es el capitalismo quien genera la necesidad del consuelo religioso.
“Pero el hombre no es algo abstracto, un ser alejado del mundo. Quien dice: “el hombre”, dice el mundo del hombre: Estado, sociedad Este Estado, esta sociedad produce la religión, una conciencia subvertida del mundo, porque ella es un mundo subvertido. […] Es la realización fantástica del ser humano, porque el ser humano no tiene una verdadera realidad. La guerra contra la religión es, entonces, directamente, la lucha contra aquel mundo, cuyo aroma moral es la religión. La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por la otra, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo“.
Karl Marx (1844) Crítica de la filosofía del derecho de Hegel.