Guillermo Moreno y el peronismo que ya no se oculta

Contexto: Guillermo Moreno salió a bancar a Flavio Bolsonaro contra Lula da Silva. ¿Alguien además de los kirchneristas se va a sorprender?

El propio Juan Domingo Perón decidió en 1955 no luchar con la CGT en armas y se fue a exiliarse en el Paraguay del dictador derechista Alfredo Stroessner; luego pasó por la Nicaragua de Anastasio Somoza, otro dictador anticomunista; más tarde pasó por la Panamá del ultraconservador Ricardo Arias Espinosa; la Venezuela del dictador derechista Marcos Pérez Jiménez; la República Dominicana del anticomunista agente de la CIA, Rafael Leónidas Trujillo, y finalmente se instaló en la España del fascista Francisco Franco.

 

Fue el propio Juan Domingo Perón quien removió y desplazó a John William Cooke del liderazgo formal del peronismo entre fines de 1958 y principios de 1959 por sus posiciones marxistas favorables a construir brazos armados inspirados en la Revolución Cubana. Lo reemplazó Manuel Campos, que en 1975 sería asesinado por Montoneros acusado de traición a la revolución, como para que se den una idea de su línea. Dejó al vendeobreros de Augusto Timoteo Vandor primero, y luego al burócrata anticomunista de su “hijo” político, José Ignacio Rucci, dirigiendo el sindicalismo argentino.

 

Tras su vuelta, la derecha peronista abrió fuego en Ezeiza contra “la tendencia” (peronistas de izquierda) y Perón, ya en el gobierno, eligió como funcionario a la mayoría de los peronistas provenientes del ala derechista. El error de muchos peronistas es no poder asumir que Perón jamás fue socialista, ni de izquierda, y lo que denomina “tercera posición” no es más que un populismo centrista basado en seguir la tendencia del momento con tal de gobernar.

 

Guillermo Moreno, fiel aprendiz del peronismo de Perón, no está haciendo otra cosa más que seguir esa línea; por eso, cuando era funcionario de Cristina Kirchner, estaba con Lula da Silva y hoy está con Flavio Bolsonaro.

 

Cristina Kirchner giró un poco al progresismo porque, dicho por ella, sus raíces son en el Frente de Izquierda Popular, un partido de izquierda peronista que luego se disolvería dentro del Partido Justicialista.

 

Lo mismo ocurre con Axel Kicillof, que reconoció que hasta la llegada del kirchnerismo no era peronista, ya que ser peronista estaba mal visto, pero abogaba por una suerte de “izquierda popular” en su organización universitaria Tontos pero No tan Tontos (TNT); por eso habla de “nuevas canciones” y se junta con Grupo Puebla y toda la socialdemocracia europea.

 

El peronismo no va a convocar a huelgas, no va a proponer luchar como en Francia o España; de hecho, en España estaría con Alberto Feijóo e Isabel Díaz Ayuso, o sea, el PP; y en Francia con Emmanuel Macron, y otro sector con Marine Le Pen. Decir esto no es una polémica, es una obviedad: el peronismo no es de izquierda ni de derecha; por ende, es de derecha. Los peronistas que hoy se enojan con Moreno porque banca a Trump, Netanyahu y ahora Bolsonaro, son los mismos que ayer fueron expulsados de la Plaza de Mayo por el general, o a los que Cristina Kirchner les dijo: “Déjense de joder con esas locuras del socialismo”.

 

En España, tras años de traición del PSOE, luego de Izquierda Unida, luego de Podemos y finalmente de Sumar, se dieron cuenta de que Gabriel Rufián de ERC, y todos los personajes que andan promoviendo el Frente Amplio a la izquierda del PSOE, solo se acuerdan de la clase obrera en épocas de elecciones o cuando las papas queman, e identificaron al enemigo, que es la burguesía y sus partidos. El peronismo, en todas sus versiones, es eso que les indigna a más de un peronista: un partido de la burguesía. Fue Cristina Kirchner la primera en bancar a Trump cuando ganó las elecciones en 2016, no jodamos.

 

De hecho, nosotros celebramos algo de Guillermo Moreno, Miguel Ángel Pichetto y toda esta tendencia que se empieza a instalar en el peronismo: ya no se ocultan, a diferencia de Axel Kicillof. Ellos son abiertos; a la izquierda la quieren bien lejos, al progresismo más lejos aún, y los comunistas somos sus enemigos. Pero a vos te indigna, y crees que ellos son el problema, cuando quizás el problema es que vos deseas algo imposible: un peronismo leal a la clase trabajadora organizada. No se puede ser leal a una clase a la que no pertenecen sus dirigentes.

 

Quizás el problema no son ellos, sos vos, que sos peronista por su cultura, pero, como sos clase obrera, adherís a las luchas y reivindicaciones del socialismo. O parafraseando al peronismo, sos socialista solo que aún no te diste cuenta, por eso te gusta Myriam Bregman. Está bien, amigo, amiga, ya lo decía el Roby Santucho: entre oprimidos y opresores no hay terceras opciones. Definitivamente, ellos ya están definidos, no te necesitan, no representan a nuestra clase. Defínate tú, y luchemos codo con codo, clase contra clase.