No hay lugar para la nostalgia

25.08.2026

Eran otras épocas, y no volverán. No existe más la URSS, solo es una linda camiseta con la marca “CCCP”. Como plantea Bifo Berardi, el comunismo perdió credibilidad; no es algo serio por más que los pocos militantes comunistas que quedan en Argentina digan lo contrario. El mundo cree que China es capitalista, a Vietnam solo lo conocen por películas gringas, Laos es inexistente, Corea del Norte es una dinastía, Cuba es fracaso y el Partido Comunista un museo.

 

Y sin embargo, el deseo de una casa propia, jornadas laborales de 8 h, un salario digno y un mejor porvenir para el futuro de nuestra clase se manifiesta en la mayoría de quienes no aspiran a ser algo que jamás serán, burgueses. “El capitalismo es progreso”, leía en un comentario sobre un medio paranaense bastante liberal, en referencia a la inauguración de un AutoMac (McDonalds). ¿En serio eso es el progreso del capitalismo?

 

Hay 20 millones de argentinos endeudados; la principal causa de muerte es el suicidio y mi provincia, Entre Ríos, lidera el ranking de las provincias con mayores cifras en el país. En promedio, cada día se quita la vida una persona por endeudamiento; otras cuantas mueren por falta de una atención sanitaria o medicamentos para su enfermedad crónica. Una empresa manda 200 telegramas de despidos acá en Concepción del Uruguay y, entre ellos, un obrero muere de un paro cardíaco. ¿Y el progreso?

 

Dejar el partido fue un proceso duro; entender que no hay lugar para la nostalgia, aún más duro. Esta sociedad no sabe quién fue Mariano Moreno; menos va a saber quién fue Marx, Engels, Lenin, Luxemburgo, Stalin, Trotsky o Mao. Menos que menos van a saber quiénes fueron Victorio Codovilla, Nahuel Moreno, Roby Santucho o Patricio Echegaray, por dar ejemplos. Dejar la militancia fue entender que somos excluyentes de la clase obrera, todo lo opuesto a lo que planteaba Lenin.

 

Pero a quienes sí conocen son a los Axel Kicillof, que afilian a impresentables como Cuneo a su espacio; o a los Máximo Kirchner, que repiten todos los días que la candidata es Cristina Kirchner. Otro que conoce todo el mundo es Sergio Massa, que se junta con todos los empresarios que hasta ayer estaban con Milei, y los legisladores de los gobernadores peronistas que le votaron las leyes a Milei, para tirarle una, sobre la extranjerización de tierra, y así vuelve, como tratando de farmear aura de que él solo le cagó los planes al gobierno. También excluyen a la clase obrera.

 

Y sí, crece Myriam Bregman en las encuestas, dirán muchos, pero: 1- la intención de voto no se traduce en sentido de pertenencia al marxismo; 2- el PTS y el FIT-U son demasiado termos como para incluir otros sectores de izquierda que no se consideren trotskistas; 3- no tienen programa de gobierno, y ante las críticas a este punto, cada partido sacó su propio manifiesto, por lo que siguen sin tener programa. Entonces, su crecimiento es como el de la comunista Jara en Chile: la gente la quiere a ella, por ser Myriam Bregman, no al socialismo como movimiento.

 

No es una opción “reconstruir” el Partido Comunista. No voy a negar que esa fue mi casa, donde nací y me forjé políticamente, y como toda casa familiar, uno de vez en cuando la vuelve a visitar, mantiene buena relación, pero ya se independizó. Tampoco creo que sea el momento de construir partido, aunque suene poco leninista esto. Quizás esté equivocado, pero creo que es el momento de ampliar el debate sobre por qué la alternativa es el socialismo y qué mundo deseamos construir a futuro. No hay lugar para la nostalgia.

 

Es difícil explicar por qué uno es comunista en pleno 2026 y en el país más anticomunista del sur, Argentina, pero a veces hay que simplificarlo. El capitalismo propone una vida poco saludable, sea por su comida basura, la droga y el sexo sin control como escape al dolor, el estrés crónico o directamente la muerte, sea por endeudamiento como ocurre aquí, o por un genocidio como hacen en Palestina. Tierra, techo, paz, pan y trabajo; por eso somos comunistas. Quizás no lo logremos, y por eso vivo estresado, pero al menos sé que esto tiene una salida, y luchar por ella es lo que me aleja de los vicios del capitalismo o la autodeterminación.