
Se me rompió un poco el corazón al escuchar al programador anunciar lo de Kill Bill sin mencionar el contexto actual ni las controversias, por no decir complicidad con un régimen genocida, en las que se encuentra involucrado Tarantino. El cine Universidad esta vinculado a una institución educativa, la Universidad Nacional de Cuyo. Su cartelera nos permite acceder a cine nacional e internacional. Muchas veces se incluyen producciones independientes que, por estar fuera de los esquemas de producción y distribución millonarios, como Hollywood, quedan relegados de las salas de cine hegemónicas o mainstream (es decir, las plataformas de gran infraestructura y alcance masivo).
Voy al cine Universidad desde hace 15 años y durante todo este tiempo ha sido el mismo programador el que introduce con sus comentarios a las proyecciones. Los comentarios no se relacionan estrictamente con la película, también se mencionan asuntos coyunturales, biográficos e incluso se sugieren críticas ligadas a la gestión y actualidad del cine en Argentina. Es decir, son comentarios ligados a la crítica cinematográfica y cultural. El anuncio de la proyección de Kill Bill despertó mucho interés en la sala. Por otro lado, el amigo con el que fui y yo nos miramos y cuchicheamos en modo antisionistas killjoys, algo similar a lo que Sara Ahmed llama como la feminista aguafiestas, pero ninguno llegó a intervenir en voz alta. Mientras el comentarista hablaba, pensé en otra cosa.
Hace poco me encontré con una compañera de la secundaria. Mientras cenábamos se acordó de una vez que la invité a mi casa y vimos Pulp Fiction, otra película de Tarantino. Sabri, mi ex compañera, me contó que en ese momento yo le dije que no podía creer que no hubiera visto esa peli. Hoy pienso: qué pendejo pesado que era. A veces el feminista killjoy-aguafiestas se me mezcla con la nostalgia y el recuerdo de ese adolescente pesado que fui y me confunde, ¿es o no un tiempo apropiado para matar la alegría ajena, la ilusión? ¿Está bien cuestionar, en medio del desfinanciamiento atroz de la cultura, a un trabajador que influyó gran parte de mi adolescencia en el gran cine que vi? ¿Tiene sentido cuestionar a una sala estatal en donde también circula cine no hegemónico? ¿Hay que exigirle a una ya desfinanciada institución educativa pública, en medio de sueldos de miseria, algo?
Bueno, sí.
En paralelo, o algo así, yendo de un pensamiento a otro, pensé en mi amiga Shaza. Ella, además de estar sobreviviendo a un genocidio, escribe para contarlo. Su hermano Mahmoud, que después de un bombardeo quedó herido de su pierna, todavía no puede caminar. Pensé en mi amiga Renad que tiene que acompañar a Mahmud de Gaza a Cisjordania, cuando la ocupación les deja cruzar, para visitar al doctor que todavía no logra, pese a las cirugías realizadas, que el hueso de Mahmoud se cure. Pienso en Mahmoud, a quien le gusta jugar al fútbol, acostado en su carpa sintiendo dolor, sin poder comprar analgésicos. Pienso mucho en el cuerpo de Mahmoud. En la horizontalidad, en su espalda sintiendo el peso de su cuerpo durante todo el día, en su masa muscular, en los nutrientes que no tiene, en la insistencia de la recuperación pese al hambre, al frío, a su casa que ya no está. Pienso en la recuperación pese a la muerte omnipresente. Pienso en las manos de mi amiga que el invierno tajea lavando ropa a mano, en la intemperie, en el invierno de Gaza. En los niños que crecen entre los escombros, o que la ocupación golpea. O que ya mató. Pienso en tener 7 años y llorar porque llueve y hay truenos y cerca de mi casa hay una antena en la que una vez cayó un rayo. Pienso en tener 7 años y que sea una posibilidad que una bomba caiga desde un avión y mate todo lo que amás. Pienso en tener 7 años y haber visto bombas explotar. Pienso en el horror del constante ruido de los aviones en el cielo. Pienso en volver a un barrio que cambió y pienso en salir de una carpa y ya no reconocer la ciudad en la que naciste. Pienso en pensar que para gran parte del mundo eso está bien o les es irrelevante. Pienso en estar viviendo uno de los crímenes más grandes de la historia de la humanidad y que el mundo siga. Pienso en lo que me dijo mi amiga Renad: ella le va a contar a sus nietxs cómo fue sobrevivir estos años y el agotamiento que siente.
Hago el ejercicio de la comparación, de la traslación, de la imaginación. ¿Qué es un clásico cinematográfico en medio de la destrucción de una cultura entera? ¿Qué es una institución educativa proyectando, sin un marco crítico, una producción millonaria hiperdifundida hace más de 20 años hasta el hartazgo? Por si a alguien le preocupa la censura, Kill Bill está disponible en casi todos, si no es que todos, los cines del mundo y en las plataformas de stream que más arruinan, homogenizan y estandarizan el quehacer cultural y audiovisual. Pienso en la esposa de Tarantino afirmando que él dijo que piensa morirse como un sionista. Pienso en Tarantino riéndose y diciendo que Israel es como Los Ángeles, pero que podés recorrerlo en 4 horas en bicicleta. Pienso en las fotos de Tarantino con las fuerzas de ocupación israelíes. Pienso en los más de 300 disparos con los que esas fuerzas de ocupación mataron a Hind Rajab, una nena de 5 años, y a toda su familia y a los paramédicos de la Media Luna Roja que intentaron salvarla. Pienso en los centros educativos, desde escuelitas hasta universidades, de Gaza bombardeados. Pienso en los consensos rotos, ¿no debería una institución educativa estatal repudiar el genocidio y la destrucción de centros de producción de conocimiento, de formación, de construcción del saber, de conservación de la cultura? ¿No debería lamentarse todas las bibliotecas destruidas en Gaza?
¿Por qué, habiendo un marco crítico para observar cómo perjudica la desfinanciación del cine y de la educación a la cultura no se puede observar que lo que Tarantino promueve no es solo perjuicio, sino la destrucción total de una cultura y cosmovisión?
Cuando empezó la proyección de la Virgen de la Tosquera, creo que para calmarme, pensé bueno, quizá lo de Kill Bill ayuda a que el cine pueda seguir funcionando porque vende muchas entradas. Quizá proyectaron No Other Land (traducida comúnmente como No hay otra tierra o Ninguna otra tierra).
Bueno, no. Googlée y no encontré que en el Cine Unversidad hubiera proyectado No Other Land. Este documental es una producción colectiva palestino-israelí que, no solo dentro de los circuitos contraculturales sino que también, resultó relevante para los circuitos hegemónicos del cine. Fue ganadora, en 2024, del premio a Mejor Documental en el Festival de Berlín (Berlinale) y ganó el Óscar a Mejor Largometraje Documental en 2025. Lamentablemente, debido a las represalias promovidas por funcionarios israelíes, la película no cuenta con grandes distribuidores en Estados Unidos, un país muy grande para el mercado cinematográfico por el número de salas y de ventas de entradas. En Argentina ha sido proyectada mayoritariamente en instancias informales que, si bien son un gran medio para la difusión de la cultura y del diálogo, no logran romper el cerco de la hegemonía ni instalarse en el debate público. Además, estas instancias informales no retribuyen económicamente a distribuidores y productores de la película.
Tres semanas después de ganar el Oscar, Hamdan Ballal, uno de los co-directores de este documental palestino-israelí, fue agredido por colonos israelíes al punto de necesitar asistencia médica. Hamdan Ballal reside en Susiya, una localidad al sur de Cisjordania ocupada ilegalmente, claro, por israelíes. La ambulancia que fue a socorrerlo fue secuestrada por la ocupación sionista, Hamdam quedó detenido sin recibir asistencia médica y solo la presión internacional logró que al otro día lo liberen e internen en un hospital en Hebrón. El protagonista del documental fue asesinado en cámara por colonos israelíes. Odeh Hadalin, un activista palestino de 31 años que formó parte del equipo documental y era papá de 3 hijos, fue asesinado en un ataque de colonos a su aldea. Estos son algunos de los ataques que los realizadores del documental y sus familias han recibido.
Pienso en cómo una institución educativa estatal, en cómo un dispositivo cultural pueden ser indiferentes al genocidio. Fui a ver la Virgen de la Tosquera el miércoles 4 de marzo, unos 5 días después de que EE.UU. y el ente sionista bombardearan una escuela de niñas en Irán, matando a 168 estudiantes. Creo que esta impasibilidad de los dispositivos culturales estatales y centros educativos argentinos, aunque sea por omisión de una postura de rechazo clara o por, quizá, promover estas producciones culturales que casi son propoganda del régimen genocida, deberían ser de mínimo revisada. Incluso más en momentos donde hasta organismos internacionales, por si es necesario el aval institucional de la ONU por ejemplo, han aceptado que lo que pasa con el pueblo palestino es un genocidio. Marzo, el mes en el que recordamos a nuestrxs 30.400 detenidos desaparecidxs en la última dictadura argentina podría ser un buen momento para pensar y exigirle a nuestras instituciones su deber y responsabilidad con la comunidad que las conforma. Supuestamente, después de los genocidios del siglo XX hubo un precedente y se crearon protocolos para que las instituciones actuaran activamente para el NUNCA MÁS.
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No Other Land se puede ver de manera gratuita y subtitulada en español acá: https://losotrosjudios.com/2025/02/23/ve-aqui-el-doc-no-other-land-no-hay-otra-tierra/
Podés ayudarnos a enviar dinero a nuestrxs amigxs de Gaza:
Desde Argentina podés transferir al alias: xpalestinalibre
CBU: 0340060908600046417026
(A nombre de Ana Manuela Elias Interlandi)
Desde afuera de Argentina podes donar directamente al Go Fund Me de nuestra amiga Shaza
https://gofund.me/9c8aa27ac
Podés conseguir los fanzines con textos de Shaza o nuestra antología de poesía palestina Hasta ver cómo una roja libertad abre todas las puertas a través de @_fvrio (en Mendoza) o @cachivateca (Costa Rica).
La antología también está disponible virtual y gratuitamente:
https://agitacion.lat/hasta-ver-como-una-roja-libertad/