Milei no es nazi, pero ¿quizás puede que sea un poco Fascista?

21.03.2025

Milei no es nazi, pero ¿quizás puede que sea un poco fascista?

¿Es posible un nuevo fascismo?

 

Luego de las elecciones del 2023 en argentina con la caída del gobierno peronista y la simultánea elección de la fórmula Milei-Villaruel, se abre un nuevo panorama en el cual muchos de los debates que creíamos saldados en materia de derechos humanos se vieron violentamente ultrajados por el gobierno. 

 

La democracia no puede reducirse a que las desigualdades se salden como si de contabilidad se hablara. Un 50% de pobreza evidencia deudas pendientes que exigen acciones urgentes y transformadoras. Una democracia real no puede excluir a la mitad de su población, ya que su esencia radica en la inclusión y garantía de derechos para todos.

 

Ahora la incógnita central en todo esto, existe la posibilidad de que durante nuestro siglo XXI, se puedan replicar los modelos fascistas del siglo anterior?

 

Hablar de fascismo es difícil, porque el concepto tiene límites difusos, incluso en su sentido histórico, aplicado a los regímenes que le dieron su forma original en las décadas de 1920 y 1930, y es fácil de manipular conforme a los intereses políticos de quien lo use. Muchos niegan la idea de que Milei  pueda ser fascista, niegan hasta la sola posibilidad de un modelo fascista replicándose otra vez, algunos peronistas afirman que es subirle el precio hacer tal afirmación, entonces ¿qué hay de verdadero en que Milei pueda encarnar características fascistas? 

 

El fascismo es la guerra

 

Georgi Dimitrov (1882-1949) fue un comunista que teorizó sobre el fenómeno fascista, según él, el fascismo surge en contextos de crisis económica y social, cuando la burguesía recurre a métodos extremos para mantener su poder frente al avance de las luchas obreras y el movimiento revolucionario.

 

Dimitrov fue contemporáneo a un momento histórico en el que el mundo observaba el avance de regímenes fascistas en Europa, donde se encontraban sociedades devastadas y polarizadas, siendo el ejemplo histórico de ellas, Italia y Alemania. 

 

Éste mismo resalta, en uno de sus escritos de 1937 (El fascismo es la guerra), la conexión entre la lucha contra el fascismo y la lucha por la paz. Para él, no era posible alcanzar la paz sin derrotar al fascismo, ya que este sistema llevaba el germen de la guerra. La paz, en este sentido, no era compatible con la existencia de regímenes fascistas.

 

Paralelismos con argentina

 

Respondiendo a la pregunta de más arriba, la llegada de Javier Milei y la radicalización de la derecha en Argentina trajeron un intenso debate sobre las posibles similitudes entre su discurso y sus políticas con el fascismo. 

 

Durante las elecciones pasadas, Milei se presentó como un outsider político criticando duramente a la casta política, el “establishment tradicional”. Tal discurso anti élite y antipolítica tiene una gran similaridad con la retórica utilizada por sus predecesores fascistas en el siglo pasado, así como también su exagerada estrategia por enmarcar a un enemigo “subversivo izquierdista”. Tanto la instrumentalización de las emociones de un pueblo cansado de que lo caguen, como la construcción de un enemigo interno para proponer una sociedad jerarquizadas con sujetos “bien” y otros que deben ser eliminados, pueden leerse como gestos fascistas por parte del actual gobierno. 

 

El rasgo retórico más marcado es su lucha contra un comunismo del cual no se tiene un concepto preciso y que parece ser más un móvil para aplicar el expansionismo en un plano ideológico para movilizar a “libertarios” a cometer actos de agresión.

 

Podríamos afirmar que el estilo confrontativo de Milei busca generar una polarización similar a la que impulsaron líderes populistas autoritarios en el pasado. Frente a este escenario, es necesario plantear una respuesta antifascista sólida y efectiva, capaz de enfrentar la situación con la contundencia que requiere. Dicha respuesta debe poner en práctica los principios del antifascismo que, históricamente, han logrado mantener a raya los intentos de imponer un capitalismo despiadado y opresivo.

 

Además, es fundamental que esta respuesta antifascista no se limite solo a la resistencia discursiva, sino que también construya alternativas concretas y la defensa de los derechos humanos. La historia nos ha demostrado que el fascismo y las formas extremas de autoritarismo prosperan en contextos de desesperación y descontento social. Por ello, es crucial crear comunidad y dejar en claro que nadie se salva solo. Solo así podremos evitar que las narrativas divisivas y excluyentes ganen terreno.

 

“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información”.