Libres de drogas, el straight edge

 

En una semana tuvimos un diputado entrerriano y un dirigente sindical dejando que hablar de sus consumos problemáticos. Por otro lado, la organización AMMAR, junto a la Asociación de Reducción de Daños de Argentina (ARDA), repartieron kits de cuidados para las personas con adicciones a la cocaína, siendo duramente criticados por la derecha. No vamos a entrar en debate sobre esta estrategia, pero el escenario me da un centro para hablar del movimiento straight edge, una contracultura dentro del hardcore punk que promueve la abstinencia y el autocontrol como forma de vida.

A principios de 1981, el grupo de hardcore punk Minor Threat lanza su primera maqueta, que lleva el nombre de la banda. Fue grabada bajo la filosofía del “hazlo por vos mismo”, en su propio estudio casero, The Inner Ear Studios, situado en el sótano de la casa de dos de los miembros. Allí aparece un tema que, sin pensarlo, forjaría un movimiento contracultural: “Straight Edge”. La canción es una crítica a la escena punk que terminó como los hippies que tanto criticaron, es decir, promoviendo el consumo de drogas y excesos, llevando a que muchos murieran por sobredosis o enfermedades de transmisión sexual al compartir la aguja para inyectarse heroína, la droga del momento en los 80.


La letra, traducida, dice:


Soy una persona como tú.


Pero tengo mejores cosas que hacer.


Que sentarse alrededor y follar mi cabeza.


Salir con los muertos vivientes


Snifar mierdas blancas en mi nariz.


Despáguese en los espectáculos.


Ni siquiera pienso en la velocidad.


Eso es algo que no necesito.


Tengo un filo recto.


Soy una persona como tú.


Pero tengo mejores cosas que hacer.


Que sentarse y fumar drogas


Porque sé que puedo arreglármelas.


Ríete de la idea de comer ludes.


Ríete de la idea de oler pegamento.


Siempre voy a estar en contacto.


Nunca quiero usar una muleta.


Tengo un borde recto.


El álbum, y la escena en general, no solo cantan contra los excesos, sino también contra el sistema capitalista, promoviendo la “familia” como un concepto de comunidad, organización, amistad y lealtad. A esto se le suma un símbolo, una simple X marcada, o en casos más extremos, tatuada, en la mano. Este símbolo data de la gira de la banda Teen Idles por la costa oeste de Estados Unidos en 1980, cuando el gerente del club donde iban a tocar descubrió que todos los miembros eran menores de 21 años, edad requerida para beber legalmente, por lo cual los organizadores marcaron a cada uno con una X negra en las manos para advertir al personal del club que no sirviera alcohol.


El straight edge (sXe de ahora en más) ha pasado por diferentes etapas desde su creación en 1980. En la primera solo luchaban contra el capitalismo, los consumos problemáticos como las drogas y el alcohol, promoviendo el abstencionismo y rechazando el sexo casual y sin control. En los años 90 aparece también el veganismo como otra bandera que se sumó al movimiento. Ya desde los 00, dejó de ser un movimiento abierto, pasando a ser casi una secta en la que, si no cumplís a rajatabla los valores que promueven, no podés ser parte de la comunidad, y de alguna manera se terminó creando una suerte de superioridad intelectual en reflejo con aquellos punks que caen en los excesos o viven de forma capitalista. Esto hizo que el propio líder de Minor Threat, Ian MacKaye, los criticara.


Si quieren saber de las bandas pioneras y las bandas que representan cada generación del straight edge, pueden buscar en internet; yo solo mencionaré algunas bandas locales a modo de recomendación: Nueva Ética -mi favorita-, Vieja Escuela, Autocontrol, Confort Supremo, MGX y algunas que se salen del hxc punk como Sudarshana, que roza el hxc pop-punk, y Reconcile, que va más por el lado del metal, entre otras. También hay figuras públicas que han adherido y defendido el movimiento como, irónicamente, Candelaria Tinelli, dado su vínculo al mundo del tatuaje en el que conoció a profesionales que forman parte de la escena. Pedro Peligro, padre del rapero Trueno, fue miembro de No Demuestra Interés, una banda hxc punk que, si bien no se declaran sXe, adhieren —como yo— a gran parte de la propuesta.


Como dije, no pertenezco ni tengo intención de pertenecer a un movimiento tan de nicho como lo es el sXe, pero valoro que hayan construido una propuesta contracultural distinta a la hegemonía de los hippies, que promovían las drogas y el sexo sin control como forma de placer, y los punk “cabeza”, que lo hacían para escapar al dolor y “vivir rápido, morir joven”. En la Argentina, sin adherir a todos los principios y valores que promueve esta subcultura, existen importantes organizaciones sociales como el MTE o Ni un pibe menos por las drogas (CCC-PCR) que sostienen militancia comunitaria contra los consumos problemáticos, demostrando que hay salida a la adicción. Esto nos demuestra que la música, como en el deporte y los talleres comunitarios, puede ser una propuesta superadora de los vicios del sistema.


Aunque dije que no iba a debatir, sí quiero mencionar que, como Ian MacKaye en los 80, me choca la idea de que se normalice el consumo de drogas, sin problematizar sus nocivos efectos secundarios, pero también el hecho de que se reduzca la discusión al punitivismo. La derecha apunta sus fusiles contra ARDA y AMMAR por repartir kits de reducción y prevención de daños, y a mí la verdad es que ninguna de estas organizaciones me gusta, y no soy partidario de sus propuestas, pero, al menos, no caen en la estigmatización y la represión. De hecho, me molesta más que políticos oficialistas como Juan Rossi, Facundo Moyano, Leila Gianni, entre otros, se muestren bajo efectos del consumo como si nada. En este sentido, aunque se pasaron tres pueblos de sectarios, los sXe dieron un aporte clave: el autocontrol como parte de la batalla cultural.