Mark Fisher se inmortalizó en su consigna de “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. Partió de este mundo en 2017 sin ver el comunismo ácido que proponía frente al realismo capitalista, pero nos tiró algunos centros: “Inventar nuevas formas de involucramiento político, revivir las instituciones que se han vuelto decadentes, convertir la desafección privatizada en ira politizada”.
Argentina vive la participación más baja en términos de involucración política, donde casi todos de alguna manera “fingimos demencia” y seguimos. Pero es imposible seguir y el “no future” resuena más que nunca. Si me preguntasen, no creo que haya futuro y creo que este mundo es una mierda. Lo hablo con mis amigos y familiares y me dicen que quizás estoy bajón, fundido y que necesito terapia, y yo les digo que sí, pero que eso no va a resolver que el capitalismo nos conduzca a la extinción.
Tanto Zizek como Fisher y Berardi coinciden en algo: no podemos vivir de la nostalgia, tenemos que imaginar el comunismo del futuro. Bedardi, al hablar de comunismo, admite que el concepto ha perdido “credibilidad”. Zizek también reconoce que al hablar de comunismo se suele hablar de regímenes masivamente rechazados. Y algunos hasta caducados, o incluso se asocia la terminología a un Estado gigante. Los liberales lograron hacernos creer que el comunismo es Estado, y al Estado hay que liquidarlo (esa es precisamente la propuesta del comunismo). El remate es nuevamente Mark Fisher con su cita: “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”.
La segunda venida de un fascismo reconfigurado es el planteamiento central de Berardi en “El segundo advenimiento”. Creo que ya estamos viendo esa segunda venida en los elementos de la nueva derecha que politizan a la sociedad mediante sentimientos de venganza y odio hacia un determinado grupo de sujetos construidos como enemigos. Pese a su pesimismo, Bifo cree que el comunismo podría emerger como un “cortocircuito memético en el caos mental imperante”. En un hilo conector, Mark Fisher buscaba explorar la relación entre energía libidinal y capitalismo para imaginar la producción de nuevas formas de deseo.
En 2018, Bifo presentó la película Comunismo futuro con Andrea Gropplero. Cuando desde el medio español El Salto le preguntaron si realmente creía en el regreso del comunismo, dijo que no, que sería loco pensar eso y más ahora que la han reducido a un meme, pero convenía al menos usar nuevamente esta palabra como acto de provocación contra el fascismo.
Nosotros sabemos bien que somos un meme aún, pero nos hacemos las mismas preguntas que Bifo: “¿Es todavía posible la convivencia humana?” “¿Son todavía posibles la vida, la paz y la amistad?” “¿Cómo podríamos pensar en la amistad y en la felicidad cuando está en juego la supervivencia misma?”
Es por ello que nos urge problematizar sobre el futuro, imaginarlo y en la clave de que no nos están dando más alternativas que elegir entre comunismo o extinción.