Gatillo fácil: un policía asesinó a un joven de 20 años e hirió a otro

Un efectivo de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires fue detenido tras disparar contra dos jóvenes que iban a jugar al fútbol, matando a Juan Cruz Leal e hiriendo a su amigo. El caso reaviva el debate sobre el uso de armas reglamentarias fuera de servicio y los reiterados episodios de violencia institucional en Argentina.

Desde el golpe a Perón en 1955, la Argentina atravesó una oleada de luchas populares en el contexto de la proscripción del peronismo y de un continente en ebullición, producto del ejemplo de la Revolución Cubana. No es objeto del artículo realizar una enumeración exhaustiva de las luchas que se llevaron adelante hasta el golpe de 1976, pero mencionaremos algunas de ellas para ilustrar el clima de ascenso que tuvo la clase obrera en la conquista del poder.

 

La toma del frigorífico Lisandro de la Torre en 1959 se dio luego de que el gobierno de Frondizi pretendió privatizar el frigorífico y adjudicarlo a la Corporación Argentina de Productores de Carne, ente directamente ligado a los intereses comerciales de EE.UU. La reacción fue espontánea y, en una masiva asamblea de más de ocho mil obreros, apoyada por los vecinos del barrio de Mataderos, se votó por unanimidad la toma del frigorífico y un paro por tiempo indeterminado hasta revertir las consecuencias de la privatización. Pese al violento desalojo, en el marco del Plan Conintes, se trató de una de las primeras gestas que irían marcando el camino de los próximos años. Asimismo, significó un punto de encuentro entre las bases del peronismo combativo y fuerzas de izquierda marxista que lucharon mancomunadamente durante esos días. Comenzaba una etapa de radicalización del campo popular, de unidad en las luchas y de desborde de las dirigencias partidarias.

 

Al calor de las revueltas que ya estaban irrumpiendo a finales de la década del 50, también empezaron a elaborarse desde abajo programas políticos con un horizonte de transformación absolutamente audaz como los de Huerta Grande en 1957 y la Falda en 1962. Éste último tenía un enfoque de clase que iba desde la expropiación de la oligarquía terrateniente sin indemnización hasta el control obrero sobre la producción. Dichos programas fueron la traducción política de toda la conflictividad social que no paraba de aumentar y de una ofensiva popular que iba in crescendo.

Uno de los puntos más altos de la lucha se dio en 1964 con el plan combativo de la nueva conducción de la CGT, integrada por las 62 Organizaciones y gremios independientes. El plan implicaba varias etapas en la confrontación contra el régimen y se combinaron paros, movilizaciones y, como punto culminante, la toma masiva de fábricas y centros logísticos. Entre mayo y junio de ese año, se logró la toma de 11.000 fábricas.

 

El Cordobazo, por su parte, encuentra su antecedente en los documentos discutidos en esa misma provincia entre 1962 y 1968. La radicalidad de las propuestas iba a la par de métodos de lucha acordes con el desafío planteado y con la consecuente represión. El Barrio Clínicas fue el epicentro de la insurrección popular que unió el sector obrero y el estudiantil contra la dictadura de Onganía.

 

La proscripción del peronismo no se rompió por arriba ni por acuerdo de cúpulas o rosca de dirigentes y burócratas. Ese orden represivo se quebró gracias a las puebladas, acciones de los sindicatos de base y la lucha revolucionaria de las organizaciones que, a principios de los 70, enfrentaron al sistema: FAR, FAP, Montoneros y ERP.

 

Desde el peronismo combativo hasta la izquierda guevarista, el horizonte era tirar abajo el sistema capitalista y construir el socialismo que podía ser de diversas características, pero había una coincidencia entre los distintos sectores: el cambio debía ser de raíz y no había lugar para medias tintas. Por eso, se trató de una época de grandes reivindicaciones obreras y de conquistas sociales y salariales. Las cesiones que el capital hizo eran producto del temor y no de su benevolencia.