Duki y el trap: hipocresía y deseo

No buscamos atacar a Duko, pues algo hay ahí en su deseo de que los jóvenes no busquen comprarse el cuento de que ser "famoso" o "influencers" es lo mejor que hay. El problema es que el trapero vive en una contradicción fuerte entre el deseo y el que hacer. Fiel al trap sabe que si no farrea plata, droga y meritocracia no vende en Spotify.

Duki fue polémico por decir que ahora todos quieren ser famosos o influencers pensando que eso te hace feliz, y que según él no es feliz y ve que la felicidad está en quien no tiene nada, pero disfrutaría de lo simple y cotidiano de la vida. Conocí a toda esta movida desde el Quinto Escalón y creo que, entre las contradicciones del decir y lo que hace, en Duki hay un deseo: no quiere “farrear”, pero tampoco puede dejarlo, pues el precio es perder dinero y escuchas en Spotify.

 

Hay un grupo de hardcore punk argentino que tiene un nombre interesante: Nueva Ética. Para analizar la industria cultural no me gusta separarla de su contenido ideológico, de lo que se busca transmitir. Duki es un año mayor que yo, tiene 29 años, ya no es el pibito que podía cantar “modo diablo” y “soy un rockstar”, el paso del tiempo le ha dado cachetadas como a todos y sabe que el contenido de sus letras reproduce esa ética que denuncia, pero sin embargo en su nuevo álbum no se nota la ruptura. Y aca es donde viene el problema.

 

¿Cómo podés transmitir valores éticos más humanos a tu público si seguís cantándole a la plata y el mercado? No sé si los pibes quieren ser todos influencers o famosos, pero si así lo fuera, diría que es porque sus referentes no hacen nada como emisores para cambiar el mensaje que quieren darle a sus receptores. Es como cuando nosotros le exigimos a Emilia o a los futbolistas de la selección que se posicionen en política y luego no nos la jugamos con los paros o cortes porque podemos perder nuestros trabajos con esto de la “esencialidad”.

 

En la escena urbana está lleno de raperos que rescatan los valores del hip hop, y algunos tienen importantes escuchas, pero no son masivos. Nunca vas a ver en los tops de Spotify a Willy Bronca, Javier Ortega, los Kamada, ni siquiera al Acru o Urbanse. El trap consiguió masividad transmitiendo lo que el mercado quería que transmitiera, un mensaje meritocrático, frívolo y que busca alejar a la comunidad de cualquier pensamiento crítico o del desarrollo de una nueva ética basada en principios humanistas y de solidaridad.

 

Sin embargo, el trap puede convertirse, como ya lo hicieron el reggaetón o incluso el punk. Sí, el punk empezó reproduciendo mensajes similares a los que transmite hoy el trap; sin embargo, un sector lo supo conducirlo de alguna manera hacia la izquierda. Y ese es el problema con los Dukis de la vida: reconocen el problema, desean cambiar las condiciones materiales, pero temen a perderlo todo. Señalan lo que está mal, pero siguen siendo parte de esa industria que moldea sueños.

 

“No me cagues el hip hop”, le decía un rapero a otros en un cypher en mi barrio, San Agustín, cuando iba a prenderse un porro adelante de los niños. Estoy escuchando a Saje de Kamada de fondo, que justo sacó nuevo álbum, y tira una barra en “Sin filtros” que dice: “Me falta vanidad para ser viral (yo hago discos). No pueden lastimar al hip hop (paridad)”.

 

Me acordé de cuando en 2018 yo hacía hip hop y mis amigos se iban al trap porque era lo que estaba en tendencia. Teníamos un debate: el rap nunca iba a tener la viralidad que tiene el trap, pero hay algo que lo hace esencial: no importa, lo que importa es lo que se busca transmitir. Un acto revolucionario sería reconfigurar el trap desde una ruptura basada en el deseo.

 

Elijo creer que Duki está deprimido porque está lleno de deseos de cambiar la industria cultural, pero se encuentra atrapado en un bucle en el que sabe que va a pasar si profundiza en una ruptura. No hay que hilar muy fino, es un hecho que los liberales tienen razón cuando dicen que Lali ha caído en reproducciones desde que se ha posicionado, pero no cabe duda de que se siente mejor con ella misma.

 

Para mí la música es conectar con mis sentimientos. Cuando los años me pasaron facturas y el estrés laboral me cagó a palos, dejé de escuchar trap; no sé nada de ese género desde aproximadamente 2023. Necesito escuchar música que conecte con mis sentimientos, no algo que me diga que si te esfuerzas vas a forrarte en guita, porque ya sé que eso no es cierto.

 

No me importa Duki en sí, me interesa analizar el fenómeno detrás. De fondo, tiene razón, pero no por lo que dijo, sino por el deseo. El deseo de que la felicidad esté en que con un solo laburo nos alcance para vivir y disfrutar de lo simple y cotidiano de la vida.

 

“Y gran hermano impone el orden

Todo es un show malo, ya lo dijo George Orwell

Si no están de acuerdo con lo que decís

Prepárate a sentir el rigor de la corte

Y aunque la soleda’ es el tártaro

Puede que sea un fármaco el que te lleve a la morgue

La soleda’ es brutal de a dos, la posverdad nos atrapó con la actitud de un sentinel del norte

La realida’ es insólita, el make up del backstage me hace vomitar

Engañan a la prole con retórica

El lobby no quiere abolir, todo es por la money, ca’

Pero tu homie habla de alcohol y trap”

Saje Kamada – Interfaz.