En las últimas semanas se ha venido difundiendo una serie de ataques de la derecha radicalizada contra murales del Che Guevara en distintas universidades. Marco Fattorello viene llevando a cabo estos ataques, pero el viernes 24 de julio, en la Facultad de Filosofía y Letras, se encontró con un límite y tuvo que correr. Casi al mismo tiempo, Milei habló de terroristas disfrazados de estudiantes. ¿Por qué le siguen teniendo miedo al Che y qué está planificando el poder?
En el último programa de Crisis en el Aire, se reconstruyó la historia de Marco Fattorello con datos muy interesantes. Se trata de un profesor de violín que da clases en el Instituto Universitario Patagónico de Artes (IUPA) que se mudó recientemente a la Ciudad de General Roca, Río Negro, proveniente de la provincia de Neuquén.
El IUPA, cuya sede central se encuentra en General Roca, tiene una historia breve como universidad porque antes se trataba de un organismo provincial. De ese modo, transitó un proceso institucional clave hacia su autarquía y fue reconocido como tal en 2015. Sin embargo, desde esa fecha, ha tenido diversos interventores hasta concluir el proceso de normalización cuando en febrero de 2025 el Gobernador Alberto Weretilneck designó al licenciado Gerardo Blanes como nuevo Rector Normalizador. Cabe señalar que el rector es un reconocido militante y dirigente de la Unión Cívica Radical en Río Negro.
A los fines de dar visibilidad a dicha situación, estudiantes y gremios docentes se movilizaron y lograron que la oposición a Weretilneck, en la legislatura provincial, se hiciera eco de las denuncias.
Por último, en mayo, se conoció que un grupo de integrantes del Consejo Superior del IUPA presentó una denuncia penal contra Gerardo Blanes, en el marco de este conflicto institucional surgido tras la elección de autoridades, por la presunta comisión de los de delitos de usurpación de cargo público, ejercicio de función pública sin nombramiento expedido por autoridad competente y falsificación de documento público.
En el contexto de las denuncias por fraude, se llevaron a cabo tomas sin interrupción del dictado de clases y charlas abiertas. Una de las primeras apariciones de Fattorello fue precisamente para romper las marchas y asambleas en el IUPA, donde ejerce como profesor.
El libertario se encargó no sólo de hostigar, especialmente a militantes mujeres, sino también de escrachar a estudiantes que legítimamente ejercían su derecho a la protesta. Resulta más que evidente pensar que Fattorello representaría los intereses del oficialismo del IUPA. Sus primeros videos en los cuales se ven sus agresiones fueron viralizados por el portal Todo Roca Noticias que tiene una línea editorial ligada a la derecha provincial.
A la par que rompía asambleas en el IUPA, también se filmó provocando en la manifestación que se llevó a cabo en Río Negro por los 50 años del golpe genocida. Al poco tiempo, logró que La Derecha Diario levante sus videos y amplifique su difusión. Inmediatamente, consiguió que el Subsecretario de Políticas Universitarias de la Nación Alejandro “galleguito” Álvarez y hasta el presidente Milei retuiteen sus videos.
En junio de este año, protagonizó uno de los primeros ataques contra murales del Che Guevara cuando ingresó a la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB) en Trelew y se filmó en vivo. Al mes siguiente, repitió la acción en la Universidad Nacional del Comahue de Neuquén. A partir de ese momento y de la difusión alcanzada, organizó un viaje a la Ciudad de Buenos Aires e incrementó sus ataques al intervenir en la Facultad de Sociales de la UBA, la Universidad Madres de Plaza de Mayo y, finalmente, en la Facultad de Filosofía y Letras.
En todas las universidades en las cuales Fattorello logró ingresar y tapar un mural del Che, la respuesta de las distintas agrupaciones del campo popular fue inmediata y se juntaron para pintar nuevamente al Che. En el caso de la sede de Puán, el libertario llegó con una patota pero allí no sólo no pudo ingresar al recinto, sino que terminó corriendo. Se trató del primer caso en el cual se ofreció algún grado de respuesta organizada y, al grito de “fuera, fachos fuera”, debieron refugiarse con la policía.
Si bien Fattorello no deja de ser un personaje marginal y lumpen con ansias de protagonismo y de monetización en redes, sería ingenuo creer que su campaña es a título individual únicamente. Al contar con un aparato de difusión institucionalizado, forma parte de un ataque coordinado que cumple con los objetivos del poder: atacar a la universidad pública, en el marco de su constante desfinanciamiento y a la organización colectiva que se manifiesta a través de sus estudiantes y personal docente en defensa de la educación y del pensamiento crítico.
Tal como señala Luis Ignacio García en su libro “Fascismo cosplay”, las nuevas derechas radicalizadas abandonaron su imagen rígida y formal para adoptar otra más digerible, que se introduce en la sociedad a través del caballo de Troya del consumo irónico en redes para encubrir posiciones abiertamente fascistas. Podríamos decir que el personaje Micky Vainilla finalmente se hizo canon.
Si quitamos el velo de la ridiculez del personaje Fattorello y de quienes lo acompañaron a correr en la sede de Puán, nos queda la planificación del poder para desarticular todos los espacios de lucha. El ataque al Che Guevara en las universidades no comenzó ayer de forma inorgánica, sino que podemos hallar su raíz en las declaraciones del subsecretario Alejandro Álvarez cuando directamente apuntó contra la identificación de estudiantes con el Che.
Si todavía queda alguna duda en cuanto a que no se trata de algo aislado, el domingo 2 de agosto, en una entrevista, Milei sostuvo que “usted tiene terroristas disfrazados de estudiantes, terroristas disfrazados de periodistas, terroristas disfrazados de profesores, terroristas disfrazados de investigadores.”
En ese mismo sentido, Argentina participó de una cumbre liderada por Marco Rubio junto a 66 países que se reunieron para combatir a “los extremistas de izquierda” en todo el mundo. La relación entre la campaña de Fattorello y las declaraciones del presidente es evidente y adelanta un agravamiento en la represión si llegase a escalar la conflictividad social. Entraríamos en un plano desconocido al menos desde 1983.
Cuando un grupo de jóvenes estudiantes realizó la Cátedra Che Guevara en la Facultad de Sociales de la UBA, en 1997, David Viñas señaló que “el Che desde lo ético y en un momento como éste, con un panorama tan miserable de impunidad y de frivolidad, es un conjuro, el revés de la trama del circo que nos ha impuesto el neoliberalismo.” Estas palabras parecieran ser pronunciadas hoy mismo, a 29 años de su cátedra y a un año del aniversario 60 de su caída en Bolivia.
La figura del Che, tan vilipendiada como temida por el gobierno, representa lo que no puede ser encorsetado en las urnas ni contenido en una institucionalidad que se debate entre la corrupción o impotencia para modificar la realidad. Su imagen nos recuerda la potencia del desborde, la ruptura total con el sistema, lo que escapa a la lógica capitalista de la transacción y el cálculo; en síntesis, lo que irrumpe con la fuerza de lo imprevisible.
La obsesión de las clases dominantes con el Che, implícitamente, nos está indicando una posible salida a esta encerrona. Si ellos nos quieren corderos, tendremos que ser la oveja negra de su rebaño, como decía Silvio Rodríguez. Habrá que (re) construir fuerza popular y organización colectiva para salir del presente perpetuo de resignación en el cual nos quieren sumergir. Se trata de recuperar experiencias de un pasado insurgente, no tan lejano, para pensar el presente, imaginar nuevas herramientas y proyectar un futuro de cambios radicales.
Si su rostro despierta las peores pesadillas de nuestros enemigos, tocará pintar dos, tres, muchos murales del Che en todas las universidades para contagiar a todxs con su “mal ejemplo, la maldición de su rebaño.”