
Luego del ataque, el presidente de Estados Unidos declaró que su país necesita un “acceso total” a Venezuela, especialmente a sus recursos energéticos. En ese marco, reconoció a Delcy Rodríguez (PSUV) como presidenta interina, al tiempo que lanzó una advertencia directa: si no cumple con las exigencias de Washington, podría correr el mismo destino que Nicolás Maduro.
Rodríguez, por su parte, invitó a Estados Unidos a avanzar en una “agenda conjunta de cooperación”, orientada —según expresó— al desarrollo compartido y al respeto de la legalidad internacional. En su declaración pública no hizo referencia a la situación del presidente secuestrado, aunque la posición oficial del gobierno venezolano continúa siendo la exigencia de su liberación inmediata.
El cambio de discurso de la presidenta interina sorprendió a la agenda mediática. Por un lado, pesa la amenaza directa de Trump; por otro, el reconocimiento de Rodríguez por parte de Washington deja fuera de juego a María Corina Machado y a Edmundo González Urrutia, dirigentes opositores que se habían proclamado vencedores de las elecciones presidenciales de 2024.
Aunque Estados Unidos aún no logró el control total de Venezuela ni el acceso directo a sus reservas petroleras —a la espera de una respuesta formal del gobierno venezolano—, Trump no detuvo su ofensiva. Ahora apunta a Groenlandia, una isla estratégica por su ubicación y sus recursos. “La necesitamos absolutamente para nuestra defensa”, insistió este domingo en una entrevista con The Atlantic.
Si bien Groenlandia se encuentra en el continente americano, es una nación constituyente del Reino de Dinamarca, por lo que las amenazas de anexión implican ahora a un país europeo. El primer ministro danés fue categórico: “No más presiones. No más insinuaciones. No más fantasías sobre la anexión”. En la isla, además, se multiplicaron las manifestaciones de rechazo a los dichos de Trump.
Venezuela y Groenlandia no son los únicos blancos. Trump también lanzó amenazas contra Cuba, Colombia y México. Sobre la isla socialista, reiteró una retórica histórica: “Cuba está a punto de caer”, en línea con una obsesión que Washington arrastra desde el fracaso de Playa Girón en 1962. En relación con Colombia, advirtió que el presidente Gustavo Petro podría ser “el siguiente” y llegó a decir que una invasión “suena bien”. Para completar el mapa regional, afirmó que “hay que hacer algo con México”.
El “America First” reapareció como consigna central durante la campaña presidencial de 2016 y marcó el rumbo del gobierno de Trump, caracterizado por el retiro de Estados Unidos de tratados y organismos internacionales clave. Se trata de una doctrina anterior a la Primera Guerra Mundial, cuyo objetivo es imponer la supremacía estadounidense a cualquier costo, sin importar el rechazo internacional ni la violación sistemática del derecho internacional. Una lógica que no se aplicaba de manera tan explícita desde la Guerra Fría.
Ya en sus inicios, la campaña de Trump lo definía sin rodeos como “un nacionalista que busca poner a Estados Unidos en primer lugar”. El Make America Great Again y el America First constituyen el núcleo de su programa político. El mensaje es claro y brutal: quien no acepte la imposición hegemónica de Estados Unidos debe prepararse para sufrir las consecuencias.