Brasil termina con la jornada 6x1 y reduce la semana laboral a 40 horas

El Senado aprobó por 75 votos contra uno una reforma constitucional que establece dos días de descanso semanal y reduce progresivamente la jornada máxima de 44 a 40 horas, sin reducción salarial. La medida alcanzará a millones de trabajadores y pone en el centro del debate el derecho al descanso y al tiempo libre.

El Senado de Brasil aprobó este miércoles la PEC 221/2019, que termina con la escala laboral 6×1 —seis días de trabajo por uno de descanso— y establece una jornada máxima de 40 horas semanales sin reducción de salarios.

 

La iniciativa fue aprobada en ambas votaciones con 75 votos a favor y apenas uno en contra. Como el texto ya había sido aprobado por la Cámara de Diputados y no sufrió modificaciones, ahora deberá ser promulgado por el Congreso para comenzar su implementación.

 

La reforma establece una transición progresiva. 60 días después de su promulgación, la jornada máxima pasará de 44 a 42 horas semanales y los trabajadores deberán contar con dos días de descanso remunerado por cada cinco días trabajados.

 

Un año después comenzará a regir el límite definitivo de 40 horas semanales, con una jornada de hasta ocho horas diarias. La transición completa demandará 14 meses y no podrá implicar una reducción salarial.

 

De acuerdo con un relevamiento del Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos (DIEESE), la medida podría beneficiar a 26,8 millones de trabajadores, entre 22 millones de trabajadores formales y aproximadamente 4,8 millones de informales que actualmente superan las 40 horas semanales.

 

La escala 6×1 afecta especialmente a sectores como el comercio, la alimentación, el alojamiento y el transporte. Según datos del Ipea, alrededor del 80% de quienes trabajan 44 horas semanales perciben hasta dos salarios mínimos.

 

La eliminación de la escala 6×1 se convirtió en una de las principales reivindicaciones laborales de los últimos años en Brasil. El movimiento Vida Além do Trabalho impulsó la discusión sobre la necesidad de reducir el tiempo destinado al trabajo y ampliar el tiempo para el descanso, los cuidados, la educación y la vida familiar. La lucha de la clase trabajadora fue la que presionó para que el Estado mande el proyecto y el Congreso finalmente lo apruebe.

 

La aprobación representa además un cambio significativo respecto de la jornada establecida por la Constitución de 1988, que había reducido el máximo semanal de 48 a 44 horas.

 

La medida contó con un amplio respaldo parlamentario. Incluso Flávio Bolsonaro, rival de Lula en el balotaje presidencial del 25 de octubre, terminó votando a favor después de haberse manifestado anteriormente contra la iniciativa. Esto es una clara señal de que la clase obrera organizada tiene tanta fuerza, que ni la ultraderecha quiere perder votos rechazando esta medida.

 

La reducción de la jornada vuelve a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa al mundo del trabajo: ¿cuánto de nuestra vida debe estar destinado a trabajar?

 

En un contexto regional marcado por reformas laborales que buscan flexibilizar condiciones y ampliar la disponibilidad de la fuerza de trabajo, Brasil avanza en sentido contrario: menos horas de trabajo, más descanso y el mismo salario. Y lo más llamativo es que el representante del MAGA allí se ve obligado a apoyar estas políticas.

 

Desde ya hay que aclarar que el fin del 6×1 no elimina por sí solo la precarización ni resuelve las desigualdades del mercado laboral. Pero establece un principio que durante décadas fue una bandera del movimiento obrero: la productividad de una sociedad no puede medirse únicamente por cuánto tiempo permanece una persona trabajando, sino también por cuánto tiempo tiene para vivir.

 

La conquista de la clase obrera brasileña es un ejemplo para todos los países de la región, que debemos luchar por jornadas laborales que nos permitan vivir relativamente bien y no nos reduzcan a esclavos.