En las últimas semanas y meses Argentina vive un resurgimiento del sentimiento nacional. La bandera de Malvinas desplegada por los jugadores de la selección, la resistencia ante la campaña de odio que incitaron medios conservadores y progresistas a nivel mundial y la marcha contra la extranjerización de tierras son algunos de los elementos que se destacaron.
En un contexto muy adverso para ser argentinx, con sueldos que no alcanzan, sin tiempo para sumar nuevos trabajos, con hambre y saqueo, no es menor ni casualidad que aparezcan este tipo de sentimientos. Además, debe ser comprendida en el marco de una crisis de representación donde sectores importantes de nuestra población buscan una identidad hoy -nuevamente- a través de lo nacional.
Claro que estas apropiaciones no son lineales. La Argentina, al igual que nuestros símbolos, está en disputa. La generación política que construyó nuestro estado (la del ‘80) quiso convencernos de que habíamos sido liberados de España y empezaba un proyecto soberano. Sin embargo, nos vendieron a los ingleses. Tiempo después, a los yankees. Argentina nunca fue un país independiente.
También existen quienes reivindican la idea de Argentina como un “patio chico”. La frase viralizada los últimos meses por el streamer Pedro Rosemblat que planteó preferir a cualquier argentino, incluso Milei, antes que un europeo forma parte de esto. Sin embargo, como decía Jauretche, perteneciendo a otra tradición histórica que la nuestra: “Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”.
Nuestra idea de Argentina es pensada desde la Patria Grande y desde un proyecto revolucionario. La única corriente política que puede llevar adelante un verdadero proceso de independencia es el socialismo. Sin embargo, la izquierda argentina también está dominada por un discurso que relega la disputa de los símbolos nacionales. Desde nuestra perspectiva, esto es un error que le entrega la representación de gran parte de nuestros sectores populares a otras fuerzas conservadoras o al peronismo.
Las izquierdas y la cuestión nacional
Una aclaración necesaria antes de desarrollar este apartado, es que quien escribe es un acérrimo seguidor de Trotsky. Reconozco que dentro de las múltiples corrientes del trotskismo argentino hubo quienes no pensaron de esta manera. Sin embargo, para la claridad del mensaje de ahora en adelante llamaré “trotskismo argentino” a esta corriente que hoy se encuentra representada en los partidos del FITu.
Esta corriente identitariamente nació muerta porque le dio la espalda a los dos procesos más importantes y vitales para pensar el socialismo desde nuestro territorio: la revolución de Mayo y la Revolución Cubana. De la primera, tienen una mirada eurocéntrica que la ve como una simple traducción de las revoluciones burguesas de Europa y no reconoce factores progresivos en la dirección de los revolucionarios y las revolucionarias de Mayo. De la cubana, plantean que estuvo dirigida por una burocracia estalinista satélite de la URSS. Ni el sentimiento popular ni los libros de historia están de su lado.
La Revolución de Mayo es trascendental para cualquier revolucionario por 5 razones. La primera es que fue parte de un proyecto continental revolucionario. Posiblemente podamos fechar este proyecto desde el último levantamiento de Tupac Katari hasta el Paraguay de 1870. Era soberanista, hablaba de la Patria Grande, proponía el desarrollo económico y reconocían a los pueblos indígenas, negros y mestizos. No fue una revolución de “patio chico”. Estratégica e identitariamente se pensó de manera continental.
En segundo lugar, la Revolución de Mayo no fue producto de una casta o élite militar. Fueron procesos abiertamente violentos de masas compuestos por ejércitos populares de liberación. La frase tan conocida de San Martín en la que critica que los ricos no mandan a sus hijos a la guerra es acompañada por los testimonios históricos. Nuestras patrias fueron liberadas por los pobres, negros, mestizos y mujeres mientras los ricos se quedaron en sus haciendas.
En tercer lugar, estuvieron dirigidos en su gran mayoría por organizaciones y grupos conspirativos como la Logia Lautaro. En ese entonces, los partidos políticos como los conocemos hoy no existían. Sin embargo, las Logias fueron lugares donde se canalizó el debate y los planes de acción conjunto de una generación de revolucionarixs. En el caso de Lautaro estuvieron también O’Higgins, Ramón Freire, Mariano Moreno, Monteagudo, Belgrano y se consideraban un brazo local de la armada por Francisco de Miranda. En el caso de esta Logia, la elección del nombre de un mapuche símbolo de la resistencia anti colonial es un dato muy importante. La concepción política no fue la de una élite separada de las masas. Fue la búsqueda de un modelo organizativo que permita discutir la más detallada y precisa estrategia para un proyecto revolucionario sin olvidar nunca que las revoluciones las hacen los pueblos.
En cuarto lugar, fue un proyecto continental emancipador que comprendió a los pueblos originarios y los negros no como parte secular sino como sujeto íntegro del proceso revolucionario. Esto se puede evidenciar en la propia elección del Sol de Mayo o la discusión de tomar una forma de gobierno con un soberano Inca, marcando como los pueblos nativos de Nuestra América son nuestro antecedente y baluarte común como pueblos del continente. En la discursividad de figuras como Belgrano o Castelli esto aparece con fuerza. La declaración de la independencia fue traducida rápidamente al quechua, aymará y guaraní y la Proclama de Tiahuanaco de Castelli abolió la servidumbre y el trabajo forzado. En el caso del pueblo mestizo y negro cuando San Martín dice “Seamos libres, lo demás no importa nada” hay que contextualizarlo. Aquellos que luchaban en los ejércitos de liberación se jugaban la posibilidad de dejar de ser esclavos.
En quinto lugar, porque para entender la idea que se construyó de lo que hoy es Argentina, es necesario entender lo que hizo la historiografía mitrista (es decir, la de los vencedores) con la Revolución de Mayo. Este proyecto continental fue derrotado por la generación liberal del 80’. Dejamos de ser una colonia pero cambiamos de dueño. España, Inglaterra, hoy Estados Unidos. Pero lejos de reconocer que destruyeron a San Martín y esta generación, buscaron apropiarselo. Lo hicieron más blanco. Lo hicieron más amable. Lo institucionalizaron jurando que luchó y murió por la Argentina actual. Lo convirtieron (o intentaron) en un prócer de cartón. Para cerrar el proceso, eliminaron a las mujeres, indígenas y negros de la historia.
A nuestro país no le alcanzó con un solo dirigente que luchó en tres países y dio la vida por la revolución. Tuvimos la suerte y coherencia histórica de parir a Ernesto Che Guevara, un argentino que peleó en Cuba, el Congo y Bolivia y juraba volver para liberar nuestra patria de las dictaduras entreguistas. ¿Qué está más lejos del nacionalismo de cartón que luchar como uno más para liberar a pueblos hermanos? Nada.
La doctrina internacionalista del guevarismo expresada en la OSPAAL y la OLAS continuó con esta idea de Patria Grande. La unificación de los países no alineados (ni Estados Unidos ni doctrina URSS) bajo una estrategia revolucionaria común es la verdad sobre la política internacional cubana. Cuba siempre supo que su patriotismo era revolucionario. También, siempre tuvo perfectamente claro que si la revolución no se expandía hacia otros continentes tarde o temprano sufriría un golpe letal. Sin embargo, allí sigue resistiendo.
La disputa por los símbolos nacionales está abierta
Hay que hacerlo desde una perspectiva continental y revolucionaria. Es necesario estudiar a las revoluciones que estuvieron antes que nosotrxs porque revolucionario, como decía el Che, es el que hace la revolución. Es nuestra tarea tener la humildad suficiente para estudiar esos procesos históricos y sus aciertos. Es también nuestra responsabilidad buscar sus limitaciones y superarlos para construir la segunda independencia.
La búsqueda identitaria de grandes porciones de nuestro pueblo en la identidad nacional es un aspecto progresivo frente al avance de la ultraderecha a nivel global. Sin embargo, es necesario comprender que estos símbolos e identidad están en disputa y que no todos los proyectos que buscan disputarlo quieren llevar a fondo la independencia de nuestro país. Las vías que pusieron a Argentina como un patio trasero de las distintas potencias imperialistas ha demostrado que solo trae hambre y explotación. Por otro lado, quienes han tensionado las relaciones con las potencias imperialistas sin romper relaciones ni ir a fondo en un proyecto soberano y continental, solo han podido gobernar o permanecer en el poder un lapso de tiempo corto en situaciones económicos particularmente favorables. Es el momento de que discutamos que la única posibilidad de conquistar la independencia es con el socialismo y un proyecto continental.
La libertad y la independencia de la que hablaba la generación de Mayo y el Che más de un siglo después es una lucha que continúa vigente. Negros e indígenas lucharon por su libertad y abolir el trabajo forzado y el tributo. Campesinos lucharon por su tierra. Trabajadorxs de las ciudades enfrentaron a una dictadura y desplegaron por primera vez la bandera de su país con orgullo.
Hoy el pueblo argentino es por demás heterogéneo producto de toda esta herencia histórica. Pero hay algo que nos une: la lucha por la independencia y la soberanía, por decidir sobre nuestra propia vida y por ponerle fin al hambre, saqueo y explotación de nuestra clase.