Thiel, Grabois y la épica de la política secreta

El dirigente peronista rompió el silencio para explicar su encuentro con el fundador de Palantir. El caso vuelve a poner en discusión hasta qué punto las reuniones entre funcionarios o referentes políticos y grandes empresarios deben desarrollarse de cara a la sociedad.

El 5 de junio, el periodista Juan Luis González hace pública la reunión entre Juan Grabois y el magnate estadounidense de tecnología de vigilancia y guerra, Peter Thiel. La foto del dirigente de Patria Grande entrando en la casa del socio de Trump y Milei circuló rápidamente por las redes generando un sinfín de comentarios. La fotografía es atribuida al fotoperiodista Sergio Piemonte y, según las primeras versiones, data del 3 de junio a las 9:00 horas. Finalmente, pasaron casi dos meses hasta que el dirigente peronista decidió hablar de este encuentro.

 

Hace seis días, Grabois decidió romper su silencio de dos meses, en los que, según él, siguió militando, pero evitando participar del debate público. Lo hizo en el programa “Y ahora quién podrá ayudarnos?” del periodista Ernesto Tenembaum en Radio con Vos. Allí, afirmó que la reunión con el magnate fue para debatir sobre la primera encíclica del Papa León XIV, titulada Magnifica Humanitas, en la que hace hincapié sobre estos tecnomagnates y rechaza el uso de la inteligencia artificial con beneficios políticos y económicos, y como reemplazo de lo humano.

 

La desaparición pública de Grabois fue anunciada el 27 de mayo. Esto es normal para el dirigente; lo suele hacer cada tanto, y no nos parece mal que alguien lo haga si tiene la oportunidad de hacerlo. Ahora bien, la militancia de su partido siguió relativamente activa en la esfera del debate público, y ante la consulta por dicha foto, nadie sabía –o no querían– decir en qué marco se dio, hasta que la diputada de Patria Grande, Natalia Zaracho, lo confirmó, afirmando que el encuentro tenía como propósito hablar de los escritos de León XIV.

 

Dicha encíclica fue firmada el 15 de mayo de 2026 y publicada oficialmente el 25 de mayo de 2026. Todo coincide con el relato de Grabois, hasta que Tomás Rebord, en un directo del 30 de julio, afirmó que ya sabía del encuentro de “su amigo”, y que fue meses antes de que circulara la foto, pero que este le pidió que lo mantuviera en secreto. Si esto fuera real, dicho encuentro habría ocurrido antes de la publicación del Papa León XIV. Pero para no caer en teorías conspirativas, vamos a creerle a Juan y no a Tomás, ya que este último no mostró pruebas de sus afirmaciones.

 

No olvidemos que Grabois es peronista, aspira a gobernar y ha hablado de que no tiene problemas de reunirse con “Dios y el Diablo”. Nosotros no nos juntaríamos con un tipo que ayuda a Israel a masacrar palestinos en Gaza, y al ICE a identificar inmigrantes para dispararles, pero no somos peronistas; para ellos es normal juntarse a negociar con empresarios de esta categoría. Y aunque diga que no fue agenda secreta, lo fue al menos hasta que Zaracho habló; y lo más grave es que la militancia le dé un tono épico a esa política secreta.

 

Las preocupaciones sobre este encuentro secreto no son para menos: Grabois concentró 5% de los votos progresistas en 2023, y actualmente es diputado por la principal fuerza de la oposición, mientras que Peter Thiel es el dueño de Palantir, fundador del manifiesto República Tecnológica y uno de los magnates interesados en comprar tierras argentinas si se modifica la Ley de Tierras. Tanto el gobierno como el kirchnerismo hicieron del secretismo político una épica, donde todo es especulación y rosca. La naturalización de esta práctica es un grave problema.

 

El problema no es Grabois, tampoco su militancia; el problema es que se romanticen las agendas secretas de la política nacional. Lo que hacen los funcionarios públicos debe ser transparente, pues trabajan para ello. Nosotros podemos imaginar por dónde va la cosa, pero para no quedar como infantilistas de izquierda ni conspiranoicos y mantener profesionalismo, solo podemos afirmar que nos quedan más dudas que respuestas sobre los intereses detrás de las reuniones del peronismo con estos empresarios vinculados al oficialismo.

 

También nos llama la atención que en las declaraciones, el dirigente marcó sus diferencias con Thiel, pero no hizo mención a los crímenes de guerra de Palantir, ni convocó el 6 de agosto a marchar contra la modificación de la Ley de Tierras. Aunque su partido, Patria Grande, sí lo está haciendo, hubiera sido una buena oportunidad convocar después de dos meses en silencio. Por estas razones, muchos de sus votantes están apuntando contra el peronismo. No es para menos, hay que frenar la épica de la política secreta, que es privatizarnos de ella. La política debe ser pública, para toda la sociedad.