Les sigue dando miedo

Mientras crecen partidos comunistas en distintos países y sectores de la izquierda recuperan protagonismo, las nuevas derechas impulsan campañas y alianzas internacionales para reinstalar el anticomunismo como eje político. El fenómeno revela que la disputa ya no se limita al presente, sino también al futuro de la organización de la clase trabajadora.

31.07.2026

A fines de marzo de 1919, Lenin dijo, en su famoso discurso “¿Qué es el poder soviético?”, que: “El poder soviético es el camino al socialismo, hallado por las masas trabajadoras y, por eso, un camino acertado e invencible”. Hoy lejos está de ser la elección de los trabajadores, pero el crecimiento vía electoral del Partido de los Trabajadores de Bélgica, el Partido Comunista de Austria (KPO), el radicalizado Partido Comunista de Grecia (KKE), entre otros, es un dolor de cabeza. El partido de Abelardo de la Espriella quiere decretar una “semana anticomunista” al mejor estilo 1984 con la “semana del odio”, y la derecha latinoamericana se organiza en la Cumbre contra el Resurgimiento del Terrorismo Político, encabezada por Marco Rubio, para encontrar la forma de exterminar el comunismo.

 

Es que la nueva derecha comprende mejor que muchos que los reformistas y los progres no tienen más nada que hacer en este momento histórico. Si mañana ganase Kicillof las elecciones, o cualquier peronista, ya han dicho que no van a poder derogar las políticas horriblemente regresivas que Milei aplicó. Lo dicen abiertamente, porque ellos creen en la institucionalidad y la democracia burguesa. Por eso Peter Thiel se junta tranquilo con Juan Grabois, se toman unos mates (?) y hablan del Papa (según Juan) como si nada. Tanto reformistas como los tecnofascistas saben que nada de lo que deja Milei se va a tocar si alguno de los tres poderes del Estado lo impide. Por eso vuelven a meterse con nosotros: las encuestas sobre Myriam les joden.

 

Y no les jode que Myriam Bregman pueda llegar a ser presidenta; saben que eso lo pueden frenar con alianzas, roscas o una reforma electoral si es necesario. Lo que les preocupa es que esas encuestas se traduzcan en organización, y que esa organización traiga un nuevo partido de la clase trabajadora, comisiones sindicales que rompan las pelotas a las patronales y la emergencia de nuevas asambleas abiertas como a finales de los 90 y comienzo de los 00. Los peronistas parece que no entienden nuestra estrategia, pero la nueva derecha sí. Ellos saben que, haciendo una analogía, nosotros somos los que esperamos años de progreso en el gimnasio, mientras los reformistas son los que se inyectan anabólicos para ver resultados rápidos. Ellos saben que a futuro podemos ser un problema, por eso mejor prevenir que curar.

 

Pero acá está la cuestión: muchos de los nuestros buscan resultados exitosos inmediatos y terminan en cualquiera. Permítame una analogía: se están metiendo anabólicos reformistas a dos manos. En el mundo están surgiendo nuevos debates, nuevos movimientos y nuevas estrategias. Se empezó a superar la nostalgia soviética y se apunta a una unidad de acción y lucha por un proyecto comunista internacional. Está todo muy verde, pero la extrema derecha quiere prevenir antes que curar. Entonces no, no están peleando con enemigos inexistentes, se están anticipando al futuro. El reformismo lleva al fracaso sistemático; algunos ya se empezaron a dar cuenta, pero no sabemos qué puede pasar, por eso, mejor prevenir que curar; necesitamos desde ya lograr que el reformismo sea superado por el comunismo.