Nicaragua, ¿un país sin elecciones?

Las declaraciones de Ortega han generado mucha repercusión. El mandatario anuncio que “aquí no volverá a haber elecciones”. Un poco de información sobre lo que está pasando en Nicaragua. 

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, anunció un supuesto fin de la vía electoral en el país al afirmar que “aquí no volverá a haber elecciones”, una declaración que confirma el cierre definitivo de cualquier posibilidad de alternancia política de cara a los comicios previstos para 2027. El mandatario adelantó además que impulsará reformas legales junto a la Asamblea Nacional. ¿De qué se tratan estas reformas?, ¿habrá elecciones en un futuro?, ¿en qué sentido afecta a la izquierda esta decisión?

 

La declaración se dio en el marco del acto por el 47.º aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, el pasado 19 de julio, donde Ortega sostuvo que “los partidos instalados por los yanquis y por el somocismo nunca volverán al poder” y justificó la decisión asegurando que no permitirá que la oposición “atrape el Gobierno”. Sus palabras fueron interpretadas como la confirmación de un modelo de partido hegemónico sin competencia electoral, aunque en realidad fue un discurso provocador, ya que se suspenden las elecciones del año que viene, pero no la vía electoral.

 

Desde las protestas de 2018, la oposición busca destituir al gobierno del FSLN por la fuerza, y en este sentido, el gobierno de Ortega responde limitando sistemáticamente las vías democráticas. En 2025, una reforma constitucional consolidó la figura de la copresidencia ejercida por él y su compañera, Rosario Murillo. Además, la Asamblea Nacional de Nicaragua inició el proceso para reformar nuevamente la Constitución y extender de cinco a siete años el período presidencial, con posibilidad de renovación indefinida. 

 

La decisión provocó un amplio rechazo internacional; sobre todo, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos advirtió que la eliminación de las elecciones profundiza el deterioro de las libertades civiles y políticas en Nicaragua, donde el espacio para la oposición y la disidencia se encuentra prácticamente clausurado. Desde la progresista Unión Democrática Renovadora – UNAMOS (ex MRS) denuncian que se instaló una suerte de dictadura moderna, si sumamos que tanto dirigentes como militantes que critican al gobierno están encarcelados y/o se les quitó la nacionalidad. 

 

Estas denuncias y el discurso provocador de Ortega vienen de la mano de la iniciativa de reforma constitucional que también contempla ampliar las facultades del Consejo Supremo Electoral para intervenir ante candidaturas o partidos que no cumplan con las nuevas disposiciones. El organismo podría cancelar candidaturas o negar la personalidad jurídica a partidos que postulen personas alcanzadas por las prohibiciones previstas en la reforma. De igual manera, el proceso todavía no concluyó, ya que la iniciativa debe atravesar la etapa de consultas, recibir un dictamen de la comisión especial y luego ser debatida por la Asamblea Nacional. 

 

El presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, sostuvo que en Nicaragua sí habrá elecciones, pero consideran “necesario” modificar las reglas constitucionales y electorales. Desde la oposición afirman que estas modificaciones apuntan a hacer realidad las amenazas de Ortega, prohibiendo todo tipo de candidaturas opositoras. De hecho, el presidente apuntó en esa dirección: lo que se busca es prohibir candidaturas. Algo que ya se hizo en 2021, pero esta vez lo podrán hacer de forma constitucional. Lo cierto es que, más allá de estas confusiones, las elecciones del año que viene sí han sido suspendidas. 

 

Está claro que en Nicaragua no existen, al menos que conozcamos, alternativas de izquierda más allá de la socialdemocracia de Unamos, por lo que las acciones del FSLN terminan siendo consideradas como las acciones de la “izquierda nicaragüense”. Nuestro público lector sabe que el sandinismo actual abandonó las ideas socialistas y de izquierda, pero en un contexto donde la ultraderecha avanza dando una supuesta “batalla cultural”, las declaraciones del presidente nicaragüense le vienen como anillo al dedo para considerar que “la izquierda” es “autoritaria” y “t3rr0r1st4”.

 

Para despejar dudas, en Cuba existe un partido único, como lo existía en la URSS, pero este se desarrolla bajo centralismo democrático, es decir, que las definiciones se toman mediante los debates y discusiones internas y luego un Comité Central las ejecuta. En cuanto a las elecciones, se realizan bajo el sistema de democracia directa, donde el partido no interviene. Luego son las asambleas las que elegirán a las autoridades en todos sus cargos. No es el caso de Nicaragua ni del FSLN, donde todo gira en torno a Ortega y Murillo, no existen congresos ni elecciones internas, siendo incompatible de esta manera con el centralismo democrático.