Remasculinización, armas y soledad en la tragedia de San Cristóbal

¿Dónde termina la infancia? ¿Cuánto desamparo pone fin a la niñez? ¿Qué desigualdades, abandonos y silencios llevan a un pibe de 15 años a entrar con una escopeta a su escuela y matar a un compañero?

El caso de San Cristóbal detuvo una cotidianidad acelerada por la precariedad para mostrarnos otra de sus urgencias: los niños, niñas y adolescentes en Argentina están en riesgo. Si bien no es nuevo que las razones de morbimortalidad por factores externos representen más de la mitad de las causas de muerte de los varones adolescentes, los suicidios y la violencia interpersonal registran un aumento sostenido en los últimos años.

Los adolescentes están en riesgo en un contexto en el que se ha vuelto un privilegio de clase contar con un adulto que tenga resto para sostener un límite. Porque el límite implica presencia y los cuidados, tan necesarios para la sostenibilidad de la vida, escasean cuando no se reconocen, remuneran, ni redistribuyen. Pero también están en riesgo por todos aquellos desamparos que normalizamos y porque en esas redes comunitarias agotadas por el desfinanciamiento estatal y la desconfianza social inoculada tampoco sobra tiempo para cuidar.

Las niños, niñas y adolescentes de Argentina están en riesgo por el discurso armamentístico y de libre portación del gobierno nacional, por la promoción de una remasculinización patriarcal que busca restaurar viejas jerarquías e incentivar a los varones jóvenes a ejercer violencias y humillar a otros/as sin costos. Porque mientras la violencia se tuitea desde el Sillón de Rivadavia, Petri se viste de aviador para una sesión de fotos con los F-16 y Bullrich reprime jubilados cada miércoles: las y los pibes están solos.

 

Según Equimundo, el 65% de los varones jóvenes siente que nadie los conoce realmente. Son esos varones que pasan entre 6 y 8 horas por día en Internet, que participan en foros anónimos sin ningún tipo de mirada adulta y quedan expuestos a contenidos misóginos, discursos de odio y radicalización política.

 

El gobierno nacional no cuenta con políticas destinadas a jóvenes porque descansa ideológicamente en que ese ente al que llaman “mercado” va a conducir a generaciones enteras hacia el progreso individual y la libertad financiera. De hecho, habilitó que a partir de los 13 años, los adolescentes puedan invertir en bonos y acciones desde su propia cuenta comitente. Un proyecto para las adolescencias a la medida del Ministro Toto Timba Caputo.

¿Hay alguna otra propuesta del gobierno nacional a los jóvenes que este destino de especuladores financieros en esa nube digital llamada ARGY en que quieren convertir al país? Para quienes no cuentan con capital, la baja de la edad de imputabilidad viene a ser la oferta que ocupa ese no-lugar en que se juega la adolescencia. Más centros de reclusión para menores, extensión de las penas, punitivismo y saña contra una población abandonada, empobrecida, sin derecho a otra cosa.

¿Saben qué herramientas brinda la baja de la edad de imputabilidad para abordar casos como el de San Cristóbal? Ninguna. Tampoco propone horizontes reparatorios para el daño que puedan provocar las y los adolescentes desde los 14 años. Porque este dolor que sentimos todas y todos días después de la tragedia ocurrida en Santa Fe, no tiene lugar en políticas, programas, ni iniciativas públicas. Porque esta falta de tiempo y recursos que tenemos como padres y como docentes tampoco tiene espacio en este proyecto político deshumanizante.

Ni siquiera el desescalamiento de la violencia horizontal o la crispación social están entre las prioridades del gobierno nacional, cada vez más alineado culturalmente con Estados Unidos. De hecho, no es menor que frente a hechos como el de San Cristóbal, los voceros extraoficiales hayan salido a responsabilizar a la madre, al padre e incluso a la escuela a la que asistía el adolescente que disparó.

La estrategia es la de siempre: producir malestar social y precariedad material pero privatizar las responsabilidades para volver individual un problema político. Medios y comunicadores se subieron también a la ola de perfilamiento del adolescente, a reconstruir el historial laboral de su madre o la poca presencia de su padre, ¿será que identificar rápido una negligencia familiar evita que hagamos el ejercicio de ver la película completa?

Como jóvenes, como militantes, nos toca combatir esas lecturas neoliberales que buscan culpas individuales ante problemas políticos; mientras reconstruimos aquellos acuerdos, consensos y sentidos en torno a quiénes son los verdaderos responsables de las tragedias que lloramos. Y, como siempre y más que nunca, poner a la niñez y la adolescencia en el centro de nuestras agendas porque lo importante hoy también se volvió urgente.