Policías de Rosario se manifestaron contra Pullaro y fueron reprimidos por sus compañeros

Pullaro pasó veinte efectivos a disponibilidad, pero la manifestación sigue. Reclaman por mejoras salariales para todos los trabajadores de la institución y políticas de salud mental ante la autodeterminación de sus compañeros. La decisión de Pullaro dejó a la ciudad con menos efectivos en las calles.

Las tensiones dentro de la Policía de Santa Fe tuvieron un nuevo y más grave episodio la noche del lunes, cuando familiares y allegados de efectivos volvieron a concentrarse frente a la Jefatura de Rosario. Esta vez el conflicto escaló: alrededor de 20 patrulleros, sobre un total de 80 del turno nocturno, no salieron a cumplir servicio, afectando de manera directa la cobertura de seguridad en la ciudad.


Frente a este escenario, el ministro de Seguridad provincial, Pablo Cococcioni, anunció medidas disciplinarias “drásticas”. Al menos 20 policías fueron puestos en disponibilidad por abandono de servicio, con retiro de arma reglamentaria, chaleco y credencial, y se impulsaron denuncias penales ante el Ministerio Público de la Acusación.


Sin embargo, en la calle la tensión no se disipó. Durante la mañana del martes permanecían apostados frente a la Jefatura rosarina más de 40 móviles policiales fuera de servicio, y la presencia de patrulleros en el centro de la ciudad era sensiblemente menor a la habitual. Escenas similares se replicaron en la ciudad de Santa Fe, donde unos 60 efectivos fueron llevados a la División Judiciales para el retiro de armas.


El conflicto se enmarca en una crisis más profunda de condiciones laborales dentro de la fuerza. La semana pasada, el gobierno de Maximiliano Pullaro había anunciado aumentos de 500 mil pesos para policías de calle y 250 mil para choferes de patrulleros, además de medidas de contención tras el suicidio de un efectivo de 32 años en la Jefatura de Rosario. Sin embargo, las mejoras alcanzan solo a un 40% de la fuerza y son sumas no remunerativas, lo que generó un profundo malestar.


El reclamo central es que el aumento sea para toda la policía y que se incorpore al salario formal. También se exigen mejoras en salud mental, ante la autodeterminación de varios oficiales de policías en los últimos meses y régimen horario y traslados, ya que muchos efectivos recorren hasta 600 u 800 kilómetros para cumplir sus tareas. Si bien desde nuestra línea editorial consideramos que la policía es un aparato represivo del Estado burgués, es una vergüenza que Pullaro no pueda siquiera garantizar condiciones laborales dignas a quienes luego le exige reprimir a los trabajadores.


Más allá del discurso oficial sobre “grupos marginales”, lo que emerge es una crisis estructural dentro de la fuerza: precarización, estrés extremo, salarios licuados y condiciones de trabajo insostenibles. Un cuadro que expone las contradicciones de una política de seguridad que se presenta como “exitosa”, pero se sostiene sobre una institución atravesada por el malestar, el desgaste y la falta de respuestas de fondo. Ese mismo escenario se repite en todos los sectores obreros del país, y esperemos que los policías puedan dimensionar nuestros reclamos mañana en las jornadas contra la reforma laboral, y mínimamente no repriman. ¿Estamos pidiendo mucho?


Dejamos este video, donde mujeres oficiales de policía sienten la impotencia de que sus compañeros las repriman. Esa bronca e impotencia es la que sentimos todos los días los obreros. Bajen las armas o apunten contra el Estado que oprimen.}