• por José Sagasti.

1) ¿Como llegamos hasta acá? Los cuatro años del gobierno de Alberto Fernández y del conjunto del FDT se caracterizaron por la falta de audacia y de épica para dar al menos una batalla ante el poder económico que lo llevó por delante desde el primer día de gobierno hasta el último. Muchos dicen con razón que Milei es hijo de la pandemia. Si bien coincidimos con tal aseveración, también creemos que es fruto del acuerdo con el FMI que constituye el meollo de la gestión peronista.

El gobierno se la pasó diciendo que la deuda con el FMI era condicionante, que sólo sirvió para bancar la campaña electoral de Macri en 2019 y que era un lastre. Todo ello es absolutamente cierto, pero el problema radica en que decidieron convalidar dicha deuda. La excusa era que, si no se acordaba con el FMI, como se hizo en marzo de 2022, tendríamos una inflación del 100%, un dólar a $1.000 y todas las plagas de Egipto. Spoiler: pasó todo eso, el FMI no nos tiró un solo centro y encima ganó Milei. Claramente, no se debió suscribir dicho acuerdo y se debió enfrentarlo con una militancia que encontraría al fin un motivo para salir a la calle y dar pelea. La misma mística que se despertó tardíamente en las últimas semanas para evitar que Milei ganase se hubiese podido volcar en la calle para enfrentar al FMI. Solo faltaba voluntad de las dirigencias.

La resignación que caracterizó esta gestión tuvo como corolario la designación de Massa, el ministro del FMI. La forma en que fue elegido una medianoche de junio, a pura rosca y con la militancia sorprendida también nos llevó hasta aquí. Elegir el mal menor, creer que el político profesional nos haría ganar una elección, el pragmatismo como religión, la “unidad hasta que duela” con burócratas, lobistas y cómplices del endeudamiento macrista, como también basarnos en las encuestas como forma exclusiva para elegir un candidato tuvieron como resultado al Milei presidente.

2) El escenario que se abre a partir del 10/12 de Milei y su banda fascista solo puede esperarse lo peor. Los anuncios de estanflación, la extorsión para votar su paquete de leyes entreguistas y de ajuste para evitar la hiperinflación anunciada por el presidente electo nos marca el camino de lo que será su gobierno. La inflación que acelerará Milei deliberadamente al igual que el Rodrigazo prometido son un intento de disciplinar al campo popular. Esa fenomenal transferencia de ingresos de lxs trabajadorxs hacia los sectores mas concentrados de la economía solo puede consolidarse mediante la destrucción del Estado que pretende Milei a través de las privatizaciones y del desregulamiento de lo poco que sobrevivió a la época de Menem.

El disciplinamiento económico se combinará con la represión estatal desatada furiosamente por todas las fuerzas de seguridad que comandará Patricia Bullrich junto con los gérmenes de agrupaciones protofascistas que ya existen y que, seguramente, se irán formando con el apoyo estatal. La violencia política hacia las fuerzas nacionales y populares aumentarán. El objetivo que persigue Milei y las clases dominantes con todas sus facciones es asestarle una derrota histórica a nuestra generación como las de 1976 y 1989. Para eso buscarán imponer el terror, el desanimo y el sálvese quien pueda. Insistimos: con el ajuste económico y la represión como herramientas para construir una hegemonía neoliberal como la que Macri no pudo consolidar.

3) Salir del laberinto con creatividad y un programa transformador de esta encerrona no se sale por arriba, sino por abajo. Se sale con la unidad del campo popular, de sus bases no únicamente de sus dirigentes. Hay que construir poder popular y oponerle a Milei una resistencia militante sin concesiones e intransigente. Nada de dialogo ni de ofrecer gobernabilidad. Este gobierno romperá los lazos comunitarios y muchos de los que lo votaron—que pertenecen a las clases populares—deben encontrar en nosotrxs una alternativa seria y honesta para dar pelea. Para ello se necesita amplificar al máximo nuestra capacidad de escucha y de sensibilidad para tejer todas las redes que nos harán falta para integrar a quienes sufran el ajuste. Pero también hará falta renovación dirigencial, dejar de creer que la suma de personajes garantiza determinado porcentaje de votos porque las obsoletas estructuras partidarias ya no representan a nadie. No se trata de “volver mejores y ofrecer el pasado glorioso de 2003-2015”; se debe construir y ofrecer futuro. Se requiere unidad popular para construir en conjunto un programa de lucha y de futuro gobierno que deberá enamorar y entusiasmar.

Debemos volver a creer en las utopías, en las banderas de la revolución a las cuales hay que bajar al llano. Al programa radical ultraderechista se lo debe enfrentar con un programa democrático, transformador, de liberación nacional y social que sea la antítesis de lo que ellos plantean. Con la fuerza de lxs trabajadores, de la juventud, de los feminismos populares y del subsuelo de la patria sublevada construiremos la unidad social que nos permita derrotar este presente de hambre y miseria planificadas para construir un futuro esperanzador al calor de las nuevas melodías revolucionarias que tendremos que componer.

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